| CONFERENCIA INAUGURAL
DE S. EM. R. PAUL CARDENAL POUPARD
II Encuentro de responsable de centros culturales católicos
del Cono Sur
Salta, Argentina 14 de junio de 2005
Excelencias reverendísimas,
Ilustres Señores Rectores,
Honorables Autoridades Civiles,
Apreciados Sacerdotes, Señoras y Señores.
Con inmensa alegría regreso a estas tierras boreales
de América. Me siento particularmente honrado de poder
pisar por vez primera esta bellísima región norte
de Argentina. Agradezco de modo especial a Su Excelencia Monseñor
Mario Cargnello, Arzobispo de Salta y Gran Canciller de la Universidad
Católica de Salta, no sólo sus palabras de bienvenida,
sino su cercano apoyo en la organización del encuentro
que hoy inicia, cumpliendo el empeño fijado hace dos años
en Valparaíso.
Después del primer Encuentro de Responsables de Centros
Culturales Católicos del Cono Sur en la Pontificia Universidad
Católica de Valparaíso en el 2003, se suman los
encuentros de João Pessôa y São Paulo para
Brasil, en octubre del 2004. Si en Valparaíso busqué
evidenciar la grave tarea de discernir, como centros culturales,
los puntos de anclaje de las culturas hodiernas. En Brasil, tanto
en João Pessôa como en São Paulo, dirigí
mi atención a la importancia de una identidad católica
de nuestros centros como fundamento de un verdadero diálogo
cultural. En esta sede de Salta, pretendo reflexionar sobre las
manifestaciones culturales que en la vida pública condicionan
e informan tanto las expectativas de los jóvenes, protagonistas
de la cultura adveniente, como su identidad católica. El
mundo de los jóvenes es particularmente plural y complejo,
baste pensar a las diferencias culturales en una misma ciudad,
o entre la cultura urbana o rural, por ello deseo acercarme de
forma general al ámbito de la vida pública de estos
contemporáneos.
Permítaseme iniciar con una alegoría. En la obra
de Homero, la Odisea se narra el mítico trayecto de la
expedición de Ulises que busca regresar a su hogar. Un
itinerario de retorno que sería todo, excepto que un sereno
regreso. Odiseo vuelve a la vida hogareña de Ítaca,
donde las luchas públicas del Asia Menor, sólo serán
recuerdos y sombras en compañía de la bella y fiel
Penélope. Después de las turbulentas generaciones
de los años sesentas y setentas, décadas de la adhesión
juvenil a las revoluciones, a las resistencias pacíficas
o violentas, “honda generacional” que toqué
con mano cuando era Rector del Institut Catholique de París,
parece desembocar en un desencanto de la vida pública.
Si en algunos perfiles hay semejanza entre Ulises y el hombre
adulto contemporáneo, muchas son, sin embargo, las diferencias.
Quizá, una muy significativa sea que Odiseo ha engendrado
un hijo igualmente combativo en el campo público.
¿Está usted diciendo que nuestras generaciones
juveniles son menos valerosas que Telémaco, el hijo de
Ulises? No, simplemente constato, que en la campo de la vida pública,
la participación juvenil actual no se asemeja a las precedentes.
Posiblemente el Telémaco hodierno es igualmente valeroso
que el Odiseo de los años 60s, 70s, 80s, pero su ardor
juvenil no ocupa ya los espacios de debate sociocultural. ¿Quizá
las aventuras de Telémaco no están fuera Ítaca
sino en el seno de su misma ciudad, o más aún de
su misma casa? ¿No será que los hijos de las generaciones
de los ochentas y noventas, que ahora tienen 15 o 25 años,
se encuentran de regreso de un viaje que aún no han emprendido,
encallados en las mortales costas de las sirenas homéricas?
Las sirenas originalmente representadas con alas y no con propiedades
anfibias, eran temidas en la época homérica como
criaturas análogas a los vampiros, símbolos, tanto
del placer mortífero, como de la ciencia letal . Las míticas
creaturas remiten a un enigmático lazo entre el placer,
el conocer y la muerte. En ellas, la fascinación de la
belleza no sólo es ocasión de placer, sino trampolín
de una muerte alienante. Moral y estética vienen ligadas
en modo fatídico. Sueño y pesadilla, cielo e infierno,
cándidas y demoníacas, las sirenas fungen como representaciones
de una realidad fantástica, como su oscuro nombre lo indica:
se????e?, es decir “fascinantes”, “encantadoras”.
Y me pregunto ¿Qué encanta hoy al hombre? ¿Qué
lenguaje está dispuesto a escuchar gustosamente? Y respondo:
la fascinación del saber gozar. Ciencia y placer unidos.
Si la fascinación, sea o no de sirenas, es un canto que
los oídos contemporáneos escuchan atentamente, hemos
encontrado un punto de anclaje para el diálogo cultural.
Pero ¿Cómo ligar la árida vida pública
con el seductor tema de la belleza? Procedamos con orden.
He intitulado mi intervención como: “La identidad
católica de los Centros Culturales y los jóvenes
en busca de la Belleza que cautiva”. El título de
la conferencia lo dividiré en tres apartados: Primero:
Jesucristo La Belleza, que cautiva; Segundo: los jóvenes
y la vida pública; Tercero: La identidad católica
de los centros culturales católicos un programa de acción.
Deseo empezar esta conferencia por el predicado, es decir por
la contemplación de Jesucristo, cuya Belleza nos atrae.
En la segunda sección, correspondiente al juzgar, enunciaré
algunos trazos culturales de los jóvenes y de la vida pública
que los rodea. Dejaré para la tercera parte, la del actuar,
algunas consideraciones sobre el potencial que la identidad católica
de los Centros Culturales ofrece al momento histórico actual,
y a los jóvenes, profetas de la cultura adveniente.
I.- CONTEMPLAR: JESUCRISTO, LA BELLEZA QUE CAUTIVA
1.- Jesucristo, la incomparable Belleza de Dios con rostro humano.
Hablar de Jesucristo y hablar de la Belleza es una tautología,
todo lo bello remite a Él y depende de Él. Él
es la medida y el orden de todo el creado. Nada existe que no
lleve la impronta de su orden y figura, pues, toda creatura, con
el sólo acto de existir conlleva la armonía de su
esencia y el regalo de su existencia. Serían interminables
la referencias que se pueden hacer a este propósito. Por
ello pensé detenerme sólo en la belleza de la vida
divina que Jesucristo ofrece al hombre. Si Jesucristo es la Belleza
Divina hecha visible, el ser cristiano no puede ser otra cosa
que participante de esta Belleza inefable. Y ¿en qué
consiste esa belleza que se vuelve Vida? ¿Cómo se
descubre esta Belleza Increada de las bellezas creaturales? ¿Cuál
estética podría aproximarse a esta Belleza sin reducirla
racionalmente a una idea atemporal? ¡La historia!, sí,
la historia es la clave. ¿Existe algún acontecimiento
que narre el límite y el sentido de las bellezas creaturales?
Sí, nada menos que Jesucristo Muerto y Resucitado. Jesucristo,
Alfa y Omega, es la llave histórica del paradigma estético
de Dios. En él la Belleza es Vida, y su Vida es Amor. Sólo
quien ama más allá de la muerte ha encontrado el
sentido de la historia. Amar supone salir de sí, supone
volcarse libremente y totalmente hacia un destinatario. ¿Quién
es ese destinatario?
La belleza reclama el ser, la armonía y el regalo, la
esencia y la existencia, el Unum, el Bonum, el Verum, por lo tanto
una belleza que termina con la muerte es una belleza opaca, transitoria,
y, en cuanto pretensión de felicidad, efímera. Ser
eternamente bien, significa ser feliz, y en el ser creatural del
hombre, ser feliz significa ser amado y amar. En ese momento aparece
el esplendor de la esencia/existencia del hombre: ser en el mundo
por amor y para amar. Si el deseo del hombre es eterno, el destino
y el sentido de su vida y de su amor no pueden ser transitorios,
ello significaría inadecuación, deformidad, desorden,
en una palabra, significaría muerte; el polo opuesto de
la vida y la belleza. El término donde reposará
el deseo humano tiene que ser de alguna manera connatural a este
deseo. Si es un deseo de infinita felicidad, una felicidad parcial
será siempre reflejo de un gozo anhelado, pero no usufructuado,
sería una trágica y lenta condena.
En cambio, una belleza que destruye la muerte, entregándose
sin límite, no es una belleza brillante, sino la Belleza
misma. De ahí que hablar de Jesucristo y de la Belleza
es una tautología. Cuando esta Belleza vence históricamente
la muerte por amor al hombre, entregándose por aquél
que nada merece, por la creatura deforme que le ha traicionado,
entonces, y sólo entonces es posible conocer que la Belleza
es Dios mismo que busca a cada hombre. Dios que se ha hecho rostro
humano. Su amor no es absurdo, sino ilimitado, y por este amor
rescata la irreductible bondad que el hombre posee en su identidad,
precisamente porque esa bondad es reflejo de Cristo. En Jesucristo,
Dios ha amado al hombre sólo por ser hombre. Sólo
cuando el esplendor de una obra mueve a la transfiguración
interna del ser humano podemos hablar de contemplación
de la Belleza. Gratis se entrega, gratis se contempla su esplendor,
y gratis se trasmite. Es quizá ésta, una de las
paradojas más interesantes, cuanto más se contempla
la belleza, más se percibe la incapacidad de poder pagar
el indescifrable valor de gratuidad que contiene. La Belleza de
Cristo, ofrece la fuerza de vencer la muerte de manera gratuita,
no sólo en función de su absoluta identificación
con el Ser, cuanto por su identidad de ser Ella misma, el Amor,
¡Dios mismo! Amor y ser siguen siendo dos conceptos que
trascienden la realidad, son términos análogos,
por ello prefiero emplear el termino Amor para describir la Belleza,
ya que refleja mejor la dimensión relacional de la Belleza.
De esta Belleza que reconstruye y guía al hombre a un destino
de amor, somos cautivados los cristianos.
En las Conclusiones de la Cuarta Conferencia del CELAM en Santo
Domingo, donde tuve la fortuna de participar como Miembro de la
misma Comisión de Cultura, se reconoce la inculturación
del Evangelio, como la respuesta de la Nueva Evangelización
a los profundos cambios sociales. La inculturación es ante
todo un profundo reconocimiento de los tres grandes misterios
de la salvación: Encarnación/Navidad, Pascua y Pentecostés
. La evangelización propiamente dicha consiste en el anuncio
explícito del misterio de salvación de Cristo y
de su mensaje . Ninguno puede anunciar un tesoro que no ha encontrado.
De ahí que el tema de la próxima Quinta Conferencia
General del CELAM dirija su atención al discipulado y misión
del cristiano.
2•.- Los jóvenes en la vida pública entre
la Belleza de Jesucristo y el narcótico canto de las sirenas.
En la barca de los centros culturales vamos atravesando tantos
escenarios cuantas dimensiones tiene la vida cultural. No faltan
en cada situación histórica cantos de sirenas, que
aparentemente dan serenidad al corazón. ¿Cómo
puede un canto, un lenguaje ser tan letal al hombre y simultáneamente
encontrar lugar en los deseos de vida del hombre? La fascinación
sigue seduciendo al hombre, quizá porque es la cara que
más le recuerda la Belleza que anhela. ¿Cuáles
son los cantos de sirena que resuenan en la viada pública
donde los jóvenes se desarrollan? Acercarnos a la realidad
histórica desde una Nueva Estética no es en modo
alguno evasión burguesa o alienante, más bien un
discernimiento trascendente desde lo que cautiva al hombre.
Las respuestas a las últimas consultas de nuestro Dicasterio,
en especial las que sus centros culturales han dado al cuestionario
previo de este encuentro, indican una cultura adveniente condicionada
por: los medios de comunicación, la política, la
economía globalizada, las sectas y el sincretismo religioso.
Veamos panorámicamente estos elementos fascinantes de la
vida pública.
II.- JUZGAR: LOS JÓVENES Y LA VIDA PÚBLICA.
Decía Fedor Dostoievsky en su obra los Hermanos Karamazov:
¡El sentido moral, y sobre todo, el sentido estético,
son a veces inexorables! Si bien la globalización promete
beneficios importantes, los efectos culturales en el campo público,
parecen menos prometedores. ¿Cómo se muestra esta
mezcla? Elenco a continuación algunos productos de esta
“pseudo estética global”.
1.- La sirena del lenguaje de simulación.
Hace más de diez años, aparecía publicado
un sugestivo artículo intitulado Identidad , que trataba
sobre los juegos cibernéticos llamados MUD (multi-user
dungeon - dimension), es decir juegos de rol para usuarios múltiples.
Se trata de un entretenimiento en los que se “puede ser
lo que tú quieras ser”, una especie de plaza virtual,
donde cada jugador rediseña su o sus personajes. Los límites
del juego son borrosos: la rutina de jugar llega a formar parte
de la vida real de los jugadores. Según un jugador, “eres
lo que finges ser... eres lo que representas”. El ciberespacio
pone a prueba la noción de identidad, de autenticidad,
de responsabilidad. La autora del artículo se pregunta
¿Se quedaría más tranquila la esposa si supiera
que la “amante” ciberespacial de su marido es en realidad
un estudiante novato de diecinueve años, aunque el marido
no lo sabe? ¿Y si resulta que es un inválido de
ochenta años que vive en una residencia? Más preocupante
sería que fuera una niña de doce años. ¿O
peor aún un niño de doce años? Y termina
el artículo diciendo: Los MUD son objetos para pensar en
la personalidad dentro de una anticultura de simulación.
Sus habitantes son los pioneros de nuestra época. Hace
diez años se registraban trescientos sitios MUD, hoy son
más de cuatro millones de sitios MUD. Aunque los jóvenes
parecen estar técnicamente más comunicados, se constata
una angustiosa de depresión, de tedio y vida solitaria,
de ahí que las formas sensibles de comprobar que aún
se está vivo, lo constituya el hedonismo, como lo atestigua
el Doctor Feijoó de la Universidad Católica de Santiago
del Estero.
El esquema de simulación involucra no sólo internet
sino todos los medios de comunicación que sostienen un
proyecto cultural fundado en la imagen y en la adquisición
de bienes. La televisión llega incluso a las zonas más
paupérrimas, insertando una mentalidad claramente narcotizante.
Sea en Brasil, como menciona Francisco Borba Riveiro, o en Paraguay
según afirma la Licenciada Isabel Rivas o en el resto de
la región. ¿Cuál belleza ha despertado el
uso de la simulación?
2.- La sirenas y su canto de la apatía política.
Según las respuestas al cuestionario previo, en todos los
países del Cono Sur se constata un descenso en la participación
de los jóvenes en el escenario político. Un dato
significativo es que los partidos políticos son la institución
social con menos credibilidad entre los jóvenes . Existen
sin embargo tres tipos de organización juvenil que crecen
con velocidad, 1) los grupos no gubernamentales, de tipo ecológico
o humanitario; 2) las asociaciones bullangueras de “pseudo
estudiantes”, no pocas veces azuzadas por ideologías
de tipo demagógico: 3) los grupos denominados “quadrinhas”,
pandillas, “barras” o “caballos locos”,
cuyas acciones frecuentemente son delictivas. Se trata de formas
alternativas de organización social juvenil, con líderes
carismáticos, con leyes, lenguajes, modas, circunscripciones,
tasas y mecanismos de autoprotección propios. Muchas de
estas agrupaciones son la respuesta ante la inseguridad, la exclusión
educativa o laboral, o la ausencia de un sentido de legítima
pertenencia cultural. En todos estos grupos persiste un denominador
común: el sentido de ser personalmente reconocido y afectivamente
aceptado. ¿Cómo reconquistar la confianza de los
jóvenes? Ante una generación inconformemente cansada,
¿Cuál es la fealdad que denuncia la apatía
de los jóvenes? y ¿Cuál belleza buscan sin
encontrar?
3.- Consumismo y desempleo: dos notas económicas del canto
de las sirenas.
Asistimos a una sumisión de la política, las ciencias
y la tecnología a lo que algunos llaman el imperial science
de la economía y simultáneamente a un despertar
filosófico, más aún antropológico
en la misma ciencia económica. La economía habla
ya de la “paradoja de Easterlin” , la cuál
describe, en base a datos estadísticos, que el aumento
de rédito per capita no parece llevar un aumento de felicidad
individual, contradiciendo así la utilidad original de
la economía: la riqueza en función del bienestar.
La expresión del libro del Deuteronomio: no sólo
de pan vive el hombre, sintetiza lo que la economía moderna
tardó más de un siglo en asimilar: la convicción
que la infelicidad del hombre no se reduce a la ausencia de bienes
materiales, es decir, la tristeza e insatisfacción social
no terminan con la posesión de las riquezas. Ya en 1991,
durante la Asamblea Plenaria del entonces Consejo Pontificio para
el diálogo para los no creyentes, constaté que la
riqueza estaba modelando en los países ricos, una sociedad
insatisfecha y narcicista , y este efecto no es ajeno a Latinoamérica.
Tener es poder, y saber cómo tener, es conservar el poder.
Emigrar al Gran Buenos Aires, a Sao Paulo, a Santiago, Asunción
o Montevideo, por estudios o trabajo, supone no sólo dejar
la tierra, sino dejar un marco familiar que contrarrestaba el
inhumano lucrar. Vuelve a mi oídos la frase de Dostoievski
¡El sentido moral, y sobre todo, el sentido estético,
son a veces inexorables! De la seguridad del afecto familiar a
la inseguridad mercantilista, se crea un inexorable sentimiento
de desconfianza, ergo, de infeliz soledad. Economía, moral
y estética, comienzan a acercarse, las tres giran en torno
a los deseos del hombre y no sólo a la utilidad. Un deseo
infinito de felicidad no se compra con un montón de ceros.
Si bien, este materialismo es teóricamente rechazado por
lo jóvenes que vibran con la fuerza de los sentimientos
y las emociones más que con los bienes materiales, en la
vida cotidiana es imposible sustraerse al sofisma de la mentalidad
dominante: La posesión de bienes materiales es igual a
bienestar/felicidad. De ahí el compulsivo consumismo infantil,
adolescencial y juvenil. Las jóvenes generaciones poseen
más bienes materiales que sus padres y abuelos a su edad,
y sin embargo, se manifiestan como más aburridas e insatisfechas.
Los jóvenes poseen un fino indicador cultural, sin embargo
siguen nadando en el mar lleno de sirenas, el único que
conocen. El otro lado de la paradoja, es el hecho que para acceder
a la mediocre, pero “segura” felicidad de los bienes,
prometida por la mentalidad del lucro , se requiere el ascenso
económico de la honesta ocupación laboral, que pasa
por una seria crisis , o bien la vía de la delincuencia,
sea o no organizada.
¿Cuál amor promete el canto del consumismo? ¿Cuál
ciencia el hedonismo?
4.- Las sirenas y su canto sectario y sincrético.
En la Asamblea Plenaria del Dicasterio en el 2004, hemos constatado
un renacimiento de la religiosidad. Del resumen de estos trabajos,
se ha publicado el texto: ¿Donde está tu Dios? .
Una generación cansada del árido secularismo dibuja
un nuevo panorama religioso en el occidente, y junto a una ansiosa
sed de trascendencia y misterio, surge la hegemonía de
la emotividad como baluarte de la evidencia religiosa. Es paradójico,
pero se busca la compañía divina en una teofanía
sin rostro . Los jóvenes no se declaran contrarios a los
contenidos de la fe confesional, pero los viven en un ambiente
de sincretismo mediático que relativisa cualquier propuesta
de certitud. Ante la necesidad de experimentar una certeza que
dé sentido trascendente a la propia existencia y que permita
relaciones afectivas intensas, los jóvenes se ven fascinados
por las melodías de sectas y formas sincréticas
que alegran momentáneamente la soledad, para luego dar
paso al desgarrador grito de la desilusión de la indiferencia
, el agnósticismo o el ateísmo sea práctico
o teórico. La radicalidad emocional en campo religioso
da lugar a formas morales deformes como el fundamentalismo o el
laxismo moral. Existen tantas formas de desierto, como dice nuestro
Papa Benedicto XVI, el desierto de la pobreza, del hambre, de
la sed, del abandono, de la soledad, del amor destruido . Además
de las sectas, existen formas sincréticas como la Nueva
Era, cuya movilidad cultural y ambigüedad de expresiones
, sobre el hombre, Dios y el mundo, constituyen un desafío
pastoral. Sobre este movedizo campo cultural, El Consejo Pontificio
de la Cultura ha publicado el documento: Jesucristo Portador del
Agua de la Vida, Una reflexión cristiana sobre la “Nueva
Era”, impreso también por diversas Conferencias Episcopales
como la de Argentina. Estos desiertos existenciales, llevan a
pensar que si la vida no tiene sentido, hay que inventárselo
de modo gratificante, de ahí que la emoción y lo
inmediato sean el criterio de la religiosidad y del bien común.
¿Cuál es el agua que hidrata a nuestros jóvenes
en sus desiertos? ¿Cómo reconquistar la fascinación
divina que degeneró en indiferencia?
Decía el Cardenal Pierre DE BERULLE de aquella inesperada
entrevista entre la mujer samaritana y Jesucristo:. il parle à
cette pauvre femme, qui ne cherchait que l’eau de la terre,
et il lui parle de l’eau du ciel et la prépare à
trouver la source et la fontaine vive de l’eau céleste
même. El habla a esta pobre mujer, que no buscaba sino el
agua de la tierra, y le habla del agua del cielo, y la dispone
a encontrar el manantial y la fuete de la mismísima agua
celestial. La evangelización de las culturas se traduce
en una participación en la vida pública de los creyentes.
El cristianismo no es un doctrina intimista o secreta, no es una
secta, sino Jesucristo, como decía Romano GUARDINI. Jesucristo,
el acontecimiento que ha dado consistencia al ser humano al regenerar
la libertad misma del hombre en la historia.
III.- ACTUAR. LA IDENTIDAD CATÓLICA DE LOS CENTROS
CULTURALES CATÓLICOS UN PROGRAMA DE ACCIÓN.
Dialogar con el mundo supone ser perfectamente bilingües,
es decir, portar la Revelación de Jesucristo en la carne
propia y conocer los lenguajes contemporáneos de los hombres.
Si los jóvenes son dinámicos por naturaleza, nuestra
identidad católica lo es doblemente por gracia. Ellos y
ellas buscan aún sin saberlo, una verdad sin ambages que
ofrezca placer perfecto. Nosotros buscamos al que es la Verdad,
Él único que enseña amar sin frenos. Los
jóvenes están reclamando afortunadamente algo que
nos es proprio, es decir, estar siempre en camino de conversión
y santidad. Verdad y Belleza confluyen en el acto de amar santamente.
La burguesía es siempre auto-opresiva, y cuando es existencial
es insoportablemente ególatra; un pecado que culturalmente
se describe como inercia. ¡Eso es lo que los jóvenes
están rechazando con todas sus fuerzas! El cristiano adulto
en la fe, aunque sea anciano, es más cercano a los jóvenes
que cualquier coetáneo. ¿Por qué? Porque
lleva la fuente misma de la vida que lo empuja a ser, en cada
momento, más él mismo, es decir, a ser radicalmente
amado y amante. Sólo así se es, in crescendo, feliz,
bello, ¡santo! Quién pudiera negar este nexo en el
amadísimo Juan Pablo II. Nada nos puede llevar con más
cercanía al contacto con la belleza de Cristo mismo que
el mundo del bello creado por la fe y la luz que resplandece en
el rostro de los santos, a través de cuya luz llega a ser
visible su propia luz . Nos recuerda el Papa Benedicto XVI.
El joven busca lo que siente como imperativo de su ser. El cristiano
sigue Aquél que le ha conquistado en un madero sellándole
el corazón, como un tatuaje en el brazo. ¿Cómo
hacer concreta y evidente esta confluencia en la búsqueda
de la Belleza?
1.- Centros Culturales Católicos en la Pastoral Diocesana.
Los Centros Culturales Católicos, dan y son una ayuda capital
para la evangelización y la pastoral de la cultura. Bien
insertos en su medio cultural, les corresponde afrontar los problemas
urgentes y complejos de la evangelización de la cultura
y de la inculturación de la fe, a partir de los puntos
de anclaje que ofrece un debate ampliamente abierto con todos
los creadores, actores y promotores de cultura, según el
espíritu del apóstol de las gentes (1 Tes 5, 21-22
). Los Centros Culturales Católicos son ante todo la presencia
de católicos de carne y hueso que dialogan desde lo que
son, desde una eficaz acción capilar . Como se puede observar,
su radio de acción es tan amplio como el mismo panorama
cultural, y de su articulación surgen redes de colaboración,
verdaderas expresiones de subsidiaridad cultural. Podríamos
hablar de un principio de subsidiaridad entre la acción
evangelizadora de las comunidades parroquiales y los centros culturales
católicos, cuyo fuste o ensamble gira en torno al Obispo
Diocesano y a su pastoral.
2.- De la estética a la moral, un mismo deseo, diversa
formulación.
Luego de contemplar a Jesucristo como la Belleza misma, en el
primer apartado, es posible apreciar la fuerza de la expresión
de Dostoievski, puesta en lo labios del Príncipe Muichkine:
la Belleza salvará el mundo , citada por el amado Papa
Juan Pablo II en la Carta a los Artistas . Dostoievski cita de
nuevo la estética en la parte final de su obra los Hermanos
Karamazov diciendo: ¡El sentido moral, y sobre todo, el
sentido estético, son a veces inexorables! Esta frase del
abogado de Demetrio Karamazov, acusado de parricidio, es una densa
síntesis sobre el sentido de la justicia en la cultura
cristiana. ¿De qué depende la fuerza y precisión
de la justicia como bien social? El autor responderá que
la regeneración viene de recibir gratuitamente el amor.
La verdadera justicia sólo depende de aceptar la existencia
de Dios. Dostoievski, no resuelve la cuestión judicial
entre progreso y tradición con un sistema ideológico
de partido o estructuras, sino con la desconcertante mención
sobre la estética. La razón es que Dostoievski es
un cristiano que habla como artista.
Moral y estética conducen al misterio del hombre, según
se perciba al hombre será la estatura de sus expresiones.
Nada como la moral y la estética pueden descifrar los deseos
históricos del ser humano. En la moral expresa el concepto
de verdad y de bien que lo hacen feliz, en la belleza, en cambio,
es la armonía, es decir la unidad y la identidad del ser
lo que lo atrae. En una sociedad cansada de ambigüedad, la
belleza sigue siendo el medio para redescubrir el bien y la verdad
opacadas.
2.- La identidad católica de los centros nace encontrando
a Jesucristo en la Iglesia.
Para navegar en los centros culturales sin sucumbir ante el canto
de las sirenas, es preciso estar ligado al mástil de la
barca, es decir adherido al leño que sostiene las velas
de la identidad católica dando sentido y orientación
al trayecto. En este sentido los estatutos de cada centro son
expresión de una identidad que debe ser dinámica
y creciente, como lo menciona el Vademécum recientemente
publicado por el CELAM es español y dentro de pocas semanas
en portugués gracias a la CNBB. Este leño no puede
ser otro que la experiencia de Jesucristo Muerto y Resucitado.
Contra el lenguaje de simulación es preciso vivir un encuentro
con Jesucristo Vivo. Sólo se puede aceptar ser atado al
madero de la Cruz, cuando la felicidad que se prueba va más
allá de la economía. Ser atado a las normas morales
sin una referencia a la Belleza que ilumina el rostro humano es
el inicio de todo totalitarismo. Si bien las leyes protegen y
desarrollan el mínimo indispensable para el bien comunitario,
es preciso alimentarse de raíz que justifique y vivifique
tales normas. De otra manera el bien común será
percibido como enemigo de la libertad personal , las normas serán
órdenes impuestas, pero no asimiladas. Ningún proyecto
político pueda dar por descontado la fuerza de la convicción
personal, basta mirar el masivo y mayoritario voto de mis paisanos
franceses el pasado 29 de mayo, un fuerte NO, a la denominada
Constitución Europea, a toda familia política de
derecha, de centro y de izquierda.
Ser atado al mástil para salvar la vida será interpretado
como una coacción prepotente que busca domar al hombre
en función de un poder confesional. Ulises no ha dejado
de ganar nada cuando era atado, sólo se privó de
la muerte. Cuando no se conoce el amor, cualquier gesto de bondad
es agresión. Odiseo, no es un simple soñador ideológico,
es un vencedor, no tanto en Troya o frente al Cíclope o
en Calipso, sino en cuanto que ha encontrado un amor fiel, inamovible,
un amor que ilumina su discernimiento sobre el bien, la verdad
y la belleza, un amor que le da identidad. Dejemos la Odisea y
escuchemos la experiencia de Pedro, que nos diría, la única
cosa que hace que el hombre pueda caminar sobre las aguas de la
tempestad es el Rostro y la voz del Señor que con fuerza
nos gritó en la noche: ¡ánimo!, ¡que
soy yo!, ¡no temáis! Y luego agregó, ¡Ven!
(Mt. 14, 27.29.). Por eso Gaudium et spes, que festeja en este
año 40 años de su promulgación, recuerda
al mundo que sólo Cristo ilumina el misterio del hombre
. Y el hombre a su vez, deviene el camino de la Iglesia, como
decía el querido Papa Juan Pablo II en su primera encíclica
Redemptor Hominis.
IV. CONCLUSIÓN
Hoy iniciamos nuestra reflexión, y sin querer adelantarme
al intercambio, deseo evidenciar que los cantos de sirena están
reclamando un nuevo lenguaje personalista existencial que muestre
la belleza de Cristo y de ser su discípulo. El terreno
de la cultura es decisivo, de ahí la necesidad de reforzar
la capacidad para elaborar racionalmente y en la luz de la fe,
propuestas ante los múltiples interrogativos que se presentan
a los variados ámbitos del saber y de las grandes decisiones
de la vida, como dijo el Papa Benedicto XVI hablando del debate
cultural .Culturalmente quisiera sugerir cinco elementos transversales
a privilegiar:
1) El fortalecimiento de una iniciación cristiana de los
ya bautizados, especialmente entre los jóvenes. Buscar
e implorar el regalo de encontrar y conocer íntimamente
a Jesucristo. Ello significa ponerse en camino. Para ello es necesario
disponerse a ejercitar la concreción de un lenguaje existencial,
que permita junto al redescubrir enigma de la propia vida la Presencia
de Cristo en las Sagradas Escrituras, en la catequesis, en la
Liturgia, de la mistagogía, en la comunión fraterna,
es decir en el ser y vida de la Iglesia. Redescubrir la fe de
la Iglesia como el camino sapiencial de la felicidad, supone saber
escuchar y proponer el peso histórico de la libertad. Comparto
totalmente el proyecto de la Quinta Conferencia General del CELAM
centrada sobre el discipulado y la misión del cristiano
en América Latina hoy.
2) Aprovechar la exuberante devoción popular como una verdadera
ocasión de iniciación cristiana. La devoción
popular es una acción decisiva para la Pastoral de la Cultura.
La forma espontánea, sencilla y afectiva de estas prácticas
permitan recobrar la dimensión trascendente del tiempo.
Reavivar la memoria de Dios en cada circunstancia es avivar la
llamada a la Belleza de la santidad, recuperando el sentido de
la historia y el ámbito público de la fe.
3) Fortalecer la pastoral universitaria y sus experiencias comunitarias
y misionales. La necesidad de cultivar desde la fe cristiana una
sana y critica racionalidad, que suscite líderes cristianos
que propongan y expliciten desde la fe cristiana la vida pública,
política, económica y artística, la investigación
científica y el progreso tecnológico. Cómo
no mencionar las respectivas experiencias de la PUC de Chile,
de la UCA y de Banuev en Buenos Aires, en las misiones, en la
elaboración de iniciativas de ley o en el campo del arte
entre jóvenes, entre otras.
4) Potenciar el sentido de la fiesta y alegría cristiana
tan desarrollado en Latinoamérica y recordado por Papa
Benedicto XVI en el congreso eucarístico de Bari.
5) Potenciar la vía contemplativa/operativa de la via pulchritudinis,
como espacio para el discernimiento y diálogo cultural,
es potenciar la vida de la santidad. No es posible prescindir
de la Belleza en una propuesta personal y trascendente de cultura
cristiana. En la moral y en el arte, la cultura plasma sus deseos
de trascendencia, y el sentido de la vida con la fuerza de la
fascinación. Por ello el tema de la próxima Asamblea
Plenaria del Dicasterio en el próximo año es la
Via Pulchritudinis.
La Belleza salvará al mundo, ¿Cuál Belleza?
Dostoievski entiende aquí la belleza redentora de Cristo.
Debemos aprender a verlo. Si nosotros lo conocemos no sólo
por palabras sino que somos alcanzados por la saeta de su paradójica
belleza, sólo entonces lo conocemos verdaderamente y sabemos
de él no sólo por lo que hemos oído de otros.
Entonces hemos encontrado la belleza de la verdad, de la verdad
redentora . Penélope o las sirenas, siguen siendo el dramático
escenario del hombre hoy, un drama de libertad que sólo
la fascinación podrá desamarrar. Sólo la
Fascinación Vivificante puede desenmascarar la fascinación
de la muerte.
Muchas gracias. |