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Encuentro de Responsables de Centros Culturales Católicos de Brasil

CONFERENCIA INAUGURAL DE S. EM. R. PAUL CARDENAL POUPARD
PRESIDENTE DEL CONSEJO PONTIFICIO DE LA CULTURA
João Pessôa, 4 de octubre 2004.

Eminentísimos Señores Cardenales,
Excelentísimo Señor Nuncio Apostólico en Brasil,
Excelentísimos Señores Arzobispos y Obispos,
Ilustrísimas Autoridades Civiles y Académicas,
Muy apreciados Responsables de Centros Culturales Católicos de Brasil,
Asistentes todos:

Con viva alegría vuelvo por sexta vez a la maravillosa tierra brasileña, que en 1974 admiré cuando vine a Río de Janeiro para la reunión de la Federación Internacional de Universidades Católicas FIUC, siendo yo el Rector del Institut Catholique de París. Cuatro años después volví y pude conocer Porto Alegre, Belo Horizonte, Sao Paulo, Iguazú, Minas Gerais, Rio Preto, Petropolis, Salvador de Bahía y otras más ciudades. En octubre de mil novecientos ochenta y cuatro vine por vez primera a Río de Janeiro como Presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, al Congreso Internacional Antropología y Praxis en el pensamiento de Juan Pablo II. Al año siguiente tuve la oportunidad de volver para inaugurar en Sumaré, junto al Cardenal QUARRACINO, a la sazón Presidente del CELAM, el Primer Encuentro sobre Evangelización de la Cultura. En mil novecientos noventa y seis, regresé de nuevo a Sumaré, invitado por el Cardenal Eugenio Sales de Araujo, para un Seminario de formación para los Obispos de Brasil, con el tema: La inculturación del Evangelio como fuente de integración humana y cristiana del hombre. Hoy, cuatro lustros después, regreso con un grande deseo de seguir aprendiendo de la realidad católica del Brasil. Como en mi primera visita, vengo a escuchar la voz de los Responsables de los Centros Culturales Católicos de este riquísimo continente cultural carioca, anhelando generar iniciativas concretas de colaboración entre los diversos Centros Culturales Católicos de este País y Latinoamérica, continuando la cadena de encuentros entre estos Centros, iniciada en mil novecientos noventa y tres en Chantilly, Francia.

1.- Introducción. El espejo cultural de los Centros Culturales Católicos.
La conferencia que estoy ahora iniciando lleva por título: La identidad Católica de los Centros Culturales, principio de diálogo cultural. Título de una realidad tan vasta como el mismo firmamento estrellado. Si la identidad católica pudiera ser comparada con el cielo, sería precisamente en función de los millones de astros que brillan en su interior y que permiten apreciar su belleza y profundidad. ¿Cómo discutir en torno a un término tan sugestivamente unívoco como lo es el de identidad? Quizá sea esta la tentación: partir de un concepto perfecto de identidad, entendiendo por perfecto algo aislado y acabado. Digo tentación, porque la expresión identidad católica sólo puede acompañar, en sentido estricto, a los seres humanos en cuanto profesan la fe, lo cual supone dinamismo, crecimiento; así como el misterio mismo del ser humano develado en Cristo. ¿Cómo se podría hablar de identidad católica de la Pastoral de la Cultura, sin hacer referencia a lo que la misma Iglesia dice de sí misma, en particular modo para América Latina?

El famoso apotegma “conócete a ti mismo”, no puede prescindir del conocimiento más inmediato de la realidad personal, como es la percepción visual que tenemos al mirarnos en un espejo. Acción simple y sin embargo enigmática. ¿Qué soy? ¿Quién soy? ¿Sólo soy lo que veo? ¿Qué seré? Son cuestionamientos ineludibles de cada hombre y mujer, ligados al fugaz instante de percibir la propia identidad de modo reflejo. La palabra latina “speculum” espejo, dio origen a la palabra “especular”, es decir observar el cielo con un espejo. Del mismo modo que “consideración” deriva de “sidus”, cielo. Pretendo pues, iniciar este discurso, concibiendo la realidad de la identidad católica, como algo dinámico y de significación histórica. Al hacerlo quiero mirar el espejo de la realidad cultural más inmediata. Intento especular y considerar el firmamento global, cuyos fenómenos culturales, no pueden dejar de interpelarme sobre lo que significa ser católico ahora y mañana. Qué paradójico ejercicio: ¡Me acerco a lo que no soy, espejo, para reconocer lo que soy!

Querer usar el espejo cultural como forma de autoelogio o triunfalismo, es el inicio de la muerte y de la vejez. No olvidemos que el mítico Narciso muere precisamente cuando intenta besar su propia imagen en el estanque que lo engulle. Si por un lado conocerse a sí mismo es un imperativo existencial, por otro lado embelesarse con la propia efigie, constituye la cara opuesta, la amnesia, la obsesión. No podemos hacernos sordos al reclamo hodierno de un mundo fragmentado que mira la belleza cristiana como una imagen deforme o incluso monstruosa. Ello nos impele a cuestionar qué es lo que el mundo está observando en los católicos. El rechazo a la confesión católica ¿Es un problema de imagen que hay que adaptar? O bien ¿Es un defecto de visión que hay que curar? ¿O acaso ambos? En el espejo cultural, cada uno encontrará lo que busca, si vanidad, vanidad, si identidad, identidad, si alienación, alienación. Conciencia y amnesia son dos efectos diversos del rechazo o aceptación de la propia identidad.

2.- El método ya es contenido.
A fin de no extraviar nuestro objetivo de anunciar a Jesucristo desde lo que somos y profesamos, he querido estructurar mis dos intervenciones guiado por los Documentos de la IV Asamblea General del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo, la Exhortación Apostólica Ecclesia in America del Papa Juan Pablo II, fruto del Sínodo Extraordinario para América de 1997, y el Documento Para una Pastoral de la Cultura que el Consejo Pontificio de la Cultura publicó en 1999. Estos tres documentos no sólo plasman una identidad católica de la Pastoral de la Cultura en sus contenidos, más aún, su misma metodología es una ya profesión de fe.

Si Santo Domingo nos marcará el método en la primera parte, Ecclesia in America nos presentará la manera de identificar y encuadrar los desafíos en la segunda. La tercera parte dedicada a la Cultura cristiana, tomaré guía como el documento Para una Pastoral de la Cultura que ofrece orientaciones y propuestas concretas para una renovada pastoral de la cultura. Los dos momentos de mi intervención, aquí en João Pessôa y luego en São Paulo, tendrán como cardo el tema de la identidad católica. He querido dividir mis reflexiones en torno a dos polos de discusión, profundamente ligados y mutuamente influyentes entre sí, el ámbito de la cultura rural y el ámbito de la cultura urbana.

En ambas conferencias seguiré el método propuesto por el Papa Juan Pablo II para la Asamblea de Santo Domingo. Método que la misma Conferencia de Obispos de Brasil ha asumido en sus Directrices Generales de Acción Evangelizadora de la Iglesia 2003-2006, donde los desafíos culturales son los primeros en ser mencionados. Dos fenómenos centrarán mi atención en esta exposición: la migración rural y las sectas; realidades más o menos comunes a todo el orbe, pero que en Brasil tienen coordenadas precisas. Consiéntaseme, entonces, no entrar de lleno en la exposición de los datos estadísticos propiamente dichos de la realidad brasileña; información que por otro lado será mejor presentada, por quienes tienen la fortuna de vivir en este continente cultural que es el Brasil.


I.- CONTEMPLAR PARA UNA NUEVA EVANGELIZACIÓN.
Si la nueva evangelización no consiste en un "nuevo evangelio", que surgiría siempre de nosotros mismos, de nuestra cultura, de nuestros análisis de las necesidades del hombre…La nueva evangelización tiene, como punto de partida, la certeza de que en Cristo hay una "inescrutable riqueza" (Ef 3, 8), que no agota ninguna cultura, ni ninguna época, y a la cual podemos acudir siempre los hombres para enriquecernos. Esa riqueza es, ante todo, Cristo mismo, su persona, porque El mismo es nuestra salvación. De ahí el feliz nombre del Proyecto nacional de Evangelización de Brasil: Queremos ver a Jesús, Camino de Verdad y Vida.

Dado que nuestra misión es la Evangelización del hombre a través del conocimiento y discernimiento de su cultura , los elementos que identificaré en relación a la necesidad de una robusta identidad cultural, no pueden ser encerrados en una visión exclusivamente sociológica. Sea porque el destinatario del Evangelio no se agota en los datos, sea porque el Mensaje mismo que comunicamos trasciende toda circunscripción estadística. Por ello, intentaré mostrar que los elementos a los que aludiré, están reclamando una nueva propuesta católica de identidad cultural. La propuesta católica de cultura que incluye necesariamente la política y la economía y las realidades temporales, pero exige una identidad de trascendencia, que dé significado a la inmanencia. ¿Cómo conducir un barco en medio de la tormenta cuyo puerto final se ignora o se considera inexistente? ¿Valdrá la pena vivir absurdamente toda una vida en medio de una tormenta sabiendo o excluyendo un destino? Tanto el regionalismo como la globalización están reclamando de los católicos un palabra del Evangelio que vislumbre un nuevo desarrollo local y una apertura global. El ser católico implica haber encontrado a Jesucristo , Aquél que abre a la comunión en la diversidad, a la solidaridad que hace de la historia una puerta a la trascendencia, un avant-goût de la eternidad.

Una proclamación vivencial del Kerygma, puede hoy como ayer, sacudir también una sociedad rural, que acepte el reto de permanecer firme en el paciente trabajo de ser libre. Que acepte vivir con alegría la simplicidad de ser y no la angustia de tener. Una identidad que asegure el contacto solidario con la tierra y no demagógico; que refuerce la historia familiar; que no niegue la dimensión local y política de su fe. Una identidad católica que permita dialogar con otras formas culturales y religiosas, precisamente porque tiene una propuesta de felicidad robusta, trascendente, fundada en la esperanza cierta, precisa, ininterrumpida, que la vida no termina aquí.

Pero, esta perspectiva no nace de “proyectos quinquenales”, sino de haber tocado a Jesucristo en la historia, sólo en Él tiene sentido la historia hecha de tierra y cielos precisos. No se puede vivir la continuidad cuando la vida y la memoria degeneran en folklore, cuando la memoria se vuelve recuerdo, cuando la Tradición se hace costumbre. Si la epidemia cultural que ataca a tantos emigrante es la amnesia ¿No será precisamente un re descubrimiento de la Tradición Viva la que cure sus llagas? Atención, Tradición, no es costumbre. Traditio es transmitir lo que a nuestra vez recibimos: el Kerygma, su fuerza transfiguradora. El escriba del Reino (Cfr. Mt. 13, 52) sigue siendo una valiosa imagen de la inculturación de la Pastoral de la Cultura, que saca cosas nuevas y viejas de su depósito . ¿No será entonces necesario una identidad católica que proponga esta nueva forma de unir pasado y presente, localidad y destino trascendente?

II.- JUZGAR EN LA PROMOCION HUMANA.
El mundo no puede sentirse tranquilo y satisfecho ante la situación caótica y desconcertante que se presenta ante nuestros ojos…Ante todo esto, se impone un "cambio de mentalidad, de comportamiento y de estructuras. En una palabra: hay que hacer valer el nuevo ideal de solidaridad frente a la caduca voluntad de dominio.

I.- El encuentro con Jesucristo en el hoy de América.
a).- Globalización y migración rural, una carrera contra reloj
Si bien es cierto que los medios de comunicación social al servicio de la economía de mercado se han transformado en un excelente vehículo para la globalización cultural, de modo que podría parecer irrelevante hablar de distinción de cultura rural y urbana, he querido mantener esta división, no sólo para acentuar fenómenos más específicos de estos dos ambientes, cuanto para mostrar desde el inicio que la globalización no debe en modo alguno ser percibida y valorada como la última palabra cultural.

La globalización no sólo ha movilizado capitales, sino ante todo personas. A las transacciones millonarias de un banco a otro, de un país a otro, les han seguido y precedido otras tantas de hombres y mujeres con una historia y memoria irrepetibles . Personas que remiten a un contexto local preciso. No sólo la globalización no es el fatídico destino de homogenización de una mentalidad dominante, frente a la cual se ha de renunciar a la memoria, a la creatividad, a la originalidad e irrepetibilidad del genio y condición humanas. Más aún, precisamente la globalización nos ofrece ahora la posibilidad de reconstruir la validez de la diversidad frente a la propia identidad. Millones de brasileños y latinoamericanos viven o provienen del campo, a estos hermanos, que desde su condición plural, constituyen más del 20% de la población latinoamericana, también se les debe una palabra de aliento , de fortaleza y propuesta cultural.

El proceso actual y los últimos acontecimientos nos han demostrado que no estamos en un proceso irreversible o predeterminado de simplificación cultural. Son estas razones las que me empujan a seguir considerando la realidad rural, no sólo como origen y memoria de las culturas urbanas, sino como verdadera propuesta actual de humanismo cristiano. El campo es aún hoy, una fuerte realidad cultural, que enfrenta desafíos precisos, ligados al auge de la visión hodierna de la ciudad. Campo y ciudad constituyen dos caras de una sola moneda, el habitat del hombre que genera cultura. Siempre que se observa alguno de las dos caras, se ha de recordar que la otra permanece escondida. Las causas sociales y culturales de la migración serán más detalladamente tratadas por Dom MARCELO PINTO CARVALHEIRA.

b).- Las Sectas un reclamo a la apatía.
El espejo cultural de América Latina ha aportado a nuestra última Asamblea Plenaria un mapa donde las sectas y su efecto de indiferencia son los principales corrosivos de la realidad de increencia actual. También el año pasado el CELAM ha publicado un robusto libro de más de 800 páginas denominado: Las sectas: Análisis desde América Latina . Aún recuerdo que una de las constantes de los informes de los Obispos Brasileños en visita Ad limina hace dos años, mostraban su preocupación por estos grupos atomizados y atomizantes. Pero será el día de mañana que el Doctor SERGIO SEZINO DOUETS VASCONCELOS presentará más detalladamente el tema de las sectas y el sincretismo.

En esta sede deseo fijaré mi atención en dos expresiones culturales que confluyen en el avance de las sectas. Uno, las sectas no aparecen desvinculadas de intereses económicos y políticos transnacionales. Dos, las sectas evidencian una realidad religiosa precisa, tanto a nivel confesional como no confesional, de las sociedades moderna y post moderna.

c).-Imperio virtual en clave emotiva-religiosa.
No es extraño a ninguno que la religión sea el primer vínculo de cohesión social. Un debilitamiento de este ligamen de la identidad permite enfrentar un vecino culturalmente desgastado, políticamente dócil, económicamente inofensivo. Las sectas constituyen en este sentido el avance terrestre del modelo cultural norteamericano, mientras los medios de comunicación social corresponden al avanzada virtual de este paradigma global . La fe católica no sólo es una religión mayoritaria en Latinoamérica; es la profesión de fe en el Misterio de la Encarnación , donde no se pueden justificar ni el racismo, ni la predestinación, ni el nacionalismo de Monroe, ni el eugenismo, ni ninguna clase de liberalismo económico como salvación. Es Misterio que rechaza la configuración individualista de masa, de uniformidad cultural, sin pasado, sin memoria y sin destino solidario.

Se podría pensar que para ser una nación fuerte es preciso regresar a la cristiandad o al menos al integralismo religioso. Esto sería una forma romántica y melancólica de entender la historia. La historia humana tiene un destino trascendente, no inmanente. Por ello la identidad del hombre y su cultura no es pasiva o estática, sino dinámica y creciente.

Los números de las sectas crecen, del mismo modo que crece la defección de ellas. Se tienen datos a veces muy inflados de los adeptos que ingresan en ellas, pero carecemos de datos sobre aquellos que abandonan el grupo y engruesan las filas de la indiferencia. La emotividad, con toda la fuerza que posee, carece de un pequeño elemento indispensable y vital para el sentido de la vida humana: la paciencia. Podríamos decir que a nivel emotivo, la única fuerza igualmente potente al entusiasmo es la desolación. La alternancia de estos dos elementos emocionales configura la perseverancia o renuncia a la secta. Las sectas han apostado a la emoción y a la interpretación individual de las Escrituras; la permanencia de las emociones en la historia será su juez.

2.-El camino de la conversión.
a) La migración rural, el espejo de una localidad virtual.
Si toda cultura se va articulando a partir de la cosmovisión del hombre, de sus deseos más íntimos y de los valores que orientan y dirigen su búsqueda de felicidad, hemos de reconocer que para acercarnos a las perspectivas de la cultura rural, es preciso conocer la cosmovisión y los cambios existenciales de quien por necesidad debe dejar una localidad rural. Dos elementos existenciales plasman la morfología cultural del emigrante: la tierra y la memoria. En torno a estos dos elementos tierra, geografía o localidad, y memoria, se originan dos movimientos de adaptación cultural: 1) La exigencia actual de abandonar el campo o la localidad por razones económicas, conlleva una cierta desilusión o sentimiento de fracaso de la memoria personal y de su identidad rural. 2)Ello obliga a llenar el vacío con una nueva identidad.

Estos dos movimientos se verifican además en un contexto global que los genera e influye. Así, del primer movimiento brotará una cierta apatía política, una forma de indiferencia hacia la dimensión local/política nueva. La misma evasión que millones de jóvenes encuentran en la droga apenas llegados a las periferias urbanas, hace referencia a este primer movimiento de olvido obligado o alienación. Del segundo movimiento se origina en cambio, un hambre voraz de poseer, de tener. Sin tierra y sin pasado, sólo queda la lucha frenética de poseer en el presente. La identidad cultural local o regional ha sido vaciada por un paradigma global y homogenizante de lucro y competitividad.

b) La amnesia de la localidad y del encuentro.
Romper con el entorno físico no es algo indiferente a la historia de la familia, de las costumbres domésticas y regionales; tampoco a la vivencia de la fe. Abandonar la tierra es renunciar a tener raíces físicas, geográficas, en la tierra de los padres que me engendraron. Dejar atrás el entorno físico de la población natal, para adentrarme en la jungla del cemento, es aislarse, voluntariamente o no, del conocimiento colectivo tradicional, conocimiento que me ligaba a una casa, a un jefe de familia, a una historia. Es renunciar a ser alguien y pasar a ser cualquiera, un anónimo, un nombre en el mejor de los casos, o un número: según el Instituto Brasileño de Geografía e Historia, 25 millones de brasileños no poseen un certificado de nacimiento . Un hombre sin pasado es un hombre que posee un presente mutilado. La perdida de la memoria se encuentra entre los dolores más agudos que una persona padece. La amnesia permanente puede incluso ser inicio de locura. Olvidar no es sinónimo de sanar. Este mismo dolor, se verifica de alguna manera en quienes han dejado su comunidad rural, deben olvidar si quieren sobrevivir en la sociedad urbana.

3.- El camino de la comunión.-
a).- La anticultura del sólo tener.
Aún después de las Reformas Agrarias, la dualidad de la producción agrícola paradójicamente se ha incrementado, precisamente porque el título de propiedad de la tierra se ha convertido en un objeto de compraventa. Al no poder competir con empresas transnacionales o potentes empresarios nacionales, sometidos ellos mismos a los mercados internacionales, el pequeño propietario se ve empujado a vender su propiedad precisamente a los latifundistas , que anteriormente no habían logrado obtener esa tierra a causa de las reformas agrarias . Familias enteras abandonan su hogar por carecer, no tanto de medios económicos de subsistencia inmediata, cuanto de un proyecto de felicidad atrayente en un futuro próximo. Inconscientemente se va infiltrando la mentalidad de permanecer en el campo sólo cuando se es anciano. “¿Quién puede seguir viviendo en el campo cuando la ciudad ofrece más dinero con menos esfuerzo?” “¿Cómo continuar viviendo en un lugar donde no es posible tener la casa, el automóvil, la ropa y las diversiones de la ciudad?” “Es preciso ser alguien en la vida por ello tengo que estudiar, para ganar dinero y poder ser respetado”. “Ser alguien” en el campo o en la ciudad significa tener, este es el verdadero peso negativo y uniformista de la globalización. El entorno familiar o físico ha dejado de ser referencia de identidad, basta sólo tener. “Dime cuanto tienes y te diré quien eres”. El peso de fracasar, de no tener, es el nuevo miedo al infierno del no ser amado.

Culturalmente, la fuerza del espacio se va debilitando, al tiempo que los factores subjetivos, cobran un nuevo vigor. Realidad virtual y entorno funcionalmente lucrativo, son el nuevo paisaje de la cultura ciber-rural. Si la primera norma de la vida política es que toda política es local , basta pensar en las medidas reguladoras que muchos países en vías de desarrollo han tenido que implementar a fin de ser considerados “competitivos” por los inversionistas extranjeros y nacionales, para percatarse de una sumisión de las políticas nacionales a la economía global, impensable tan sólo hace 20 años. En el campo como en la ciudad, la política ha dejado de ser centralizadora del poder histórico de las décadas pasadas, para ocupar el puesto de sierva, para no decir esclava, del orden económico. Podríamos decir incluso politica ancella oeconomiae. El cansancio y el hastío de vivir continuamente en la soledad, a veces arbitraria y caprichosa de la subjetividad, pienso que generará una reacción violenta, una búsqueda febril de autenticidad, es decir de objetividad, de concreción de certezas, de arraigo. Proponer vivir en el ámbito rural requiere una forma atrayente que recupere la autenticidad y la libertad como bastiones.

¿Puede entonces realmente existir una cultura específicamente rural que sea alternativa y propositiva hoy? El factor geográfico ¿podrá resistir al embate de la atracción del panorama virtual de una economía cada vez más urbana? Si la economía hoy más que nunca, aparece como global y si la política tiene como esencia ser local, no cabe duda, de que la especificidad de una cultura que nace entorno a una localidad real, no virtual, puede condicionar nuevos movimientos culturales que redescubran la dimensión política del hombre y de la comunidad local, del ambiente y de la economía. Estas implicaciones vendrán desarrolladas por la Senadora y Ministra de Medio Ambiente MARINA SILVA, el día de mañana.

b).- La sordera de una necesidad humana de sentido trascendente.
Ante la urgencia de una construcción social más equitativa y conforme al Evangelio en América Latina, han nacido diversas experiencias, algunas más radicales que otras. Este acento social de cambio justamente deseado, hizo que la Iglesia expresara su opción original por los pobres, opción que algunos entendieron como exclusivamente sociológica y no como preferencialmente evangélica. De esta opción exclusiva por los pobres se generó, que los pobres optaran por las sectas. Este es el juego y esta es la trampa de las sectas y de los turbios intereses que las mantienen: Al anunciar el Evangelio en clave sociológica pareciera abrirse una paradoja: o eliges a los pobres, exclusiva y socialmente, y ellos te dejarán confesionalmente, o eliges la injusticia y ya has dejado de anunciar el Evangelio. Pero, atención, ¿Qué es lo que está en juego? ¿Es que nuestros “intereses” son los mismos que el de los centros de poder que sufragan y dirigen las sectas? Si son los mismos, dejemos entonces que el cliente escoja el producto más adecuado a sus necesidades “religiosas”. Pero sin nuestros intereses no son políticos y económicos ¿Cuales son? El motor que mueve la misión de Evangelizar ¿No es el mismo que mueve la identidad católica? Es aquí donde entra el segundo factor: Las sectas evidencian una realidad religiosa precisa tanto a nivel confesional como no confesional de las generaciones actuales.

Durante la última Asamblea Plenaria, cuyo tema fue: Los retos que la no creencia y la indiferencia religiosa presentan a la fe cristiana , hemos recibido más de 300 respuestas de Conferencias Episcopales, Universidades y Centros Culturales, Profesores y personalidades del mundo académico de todo el mundo, católicos y no. En las respuestas hemos constatado que el secularismo, el relativismo y el pluralismo religioso, han generado un resurgimiento religioso que parece orientarse en dos direcciones precisas y diversas: 1) La negación de la objetividad de la realidad Trascendente. 2) El rechazo o indiferencia a lo que signifique alteridad . Los efectos de indiferencia religiosa en occidente tanto en Europa, América Latina, Estados Unidos y Canadá, poseen diversos matices. Por ejemplo, en América Latina el paso a la indiferencia religiosa se realiza mediante el paso por las sectas. ¿Cuál es el peligro de las sectas? ¿Por qué es importante detener el avance de las sectas? De estas mal improvisadas preguntas, se podrían recoger o individuar, por el tipo de respuesta, el concepto vital o esencial que se tiene acerca del cristianismo, de la fe o confesión católica, de lo humano, de lo divino de lo eclesial.

Para quien la fe es una adhesión social de pertenencia gregaria con beneficios únicamente sociales, las sectas son el invasor individualista que rompe la colectividad. Son amenaza porque promueven un angelismo desencarnado y egoísta de una potencia oligárquica enemiga. La secta es el narcótico alienado de un desobligado social. Es una rémora para el cambio de estructuras. La salvación aparece entonces sólo como económicamente inmanente. Este concepto estuvo en boga durante tres décadas, pero el ideal de “utopía social” cambió, el concepto de “compromiso social” produjo fatiga y desbandada en los jóvenes de esta generación , que no quieren saber nada de lucha o revolución, porque retozan en el sueño alienante de lo virtual. Las sectas están denunciando un vacío en la comunicación de la experiencia trascendente de Cristo. Otros ven las sectas como las causantes de una tendencia “protestante” en la Iglesia. De este modo rechazan cualquier nuevo elemento pastoral que sea utilizado también por las sectas. “Es importante evitar que lleguen las sectas, porque ellas vuelven inútil el método pastoral que se sigue en esta parroquia”.

Sí, todas estas preocupaciones son considerables, pero insuficientes. ¿Hasta que punto se confiesa que la identidad católica despliega por sí misma un verdadero camino de transfiguración integral del hombre que la acoge? ¿Una cuestión de vida o muerte para el hombre? Para la identidad católica lo que esta en juego es el hombre, no el control político económico. Amar al hombre como lo ha amado Jesucristo.

4.- El camino de la solidaridad.
a).- Solidaridad no es fusión de intereses sino fraternidad.
Responder a este desafío supera las solas fuerzas de la persona o grupo familiar, es necesario una red solidaria, rural y urbana, una forma eclesial de comunión que comporte unidad y diversidad, localidad y apertura, inmanencia y trascendencia: una nueva identidad católica. La globalización de la solidaridad, que el Santo Padre JUAN PABLO II ha indicado como proyecto de civilización del amor hoy, y que tanto la CNBB como el CELAM han abrazado y propuesto diligentemente en múltiples documentos de Pastoral Social, es un justo reclamo a expresar la dimensión político-económica de la fe, es decir, de la dimensión local de la cultura. Esta solidaridad globalizada supone la inversión cultural del tener al dar, inversión que no se impone, sino que se gesta en el motor mismo de la cultura: el corazón del hombre.

Podríamos decir, que los dos trazos de la silueta cultural rural son la dimensión local y la fuerza de la memoria. Política e historia constituirán por tanto los ámbitos privilegiados que el campo extrae de su especificidad cultural. Como ya dije, estoy convencido que una adecuada atención y escucha del ámbito rural, que incluye en América Latina las riquezas indígena y afroamericana, es un campo privilegiado para ofrecer como Centro Cultural, desde la identidad católica, un nuevo proyecto de política, de bien común, en estos tiempos de globalización. Tema que encontrará en la exposición de mayores elementos de reflexión. Deseo ser muy claro en este punto: la cultura no puede reducirse ni a una dimensión de la vida social, como la política económica, ni mucho menos a una corriente, escuela o ideología de economía política. La propuesta política, hecha por quien confiesa la fe católica para una localidad precisa , no puede prescindir del destino trascendente del hombre. El ostracismo o provincianismo regionalista no es en modo alguno la opción cultural de la identidad católica. Esta corriente conlleva el mismo principio de exclusión a lo trascendente, que es apertura al Totalmente Otro divino, como al otro humano y creatural. Fundamentalismo, racismo, capitalismo y marxismo, suponen un centro excluyente: la confesión religiosa, la raza, el capital y la clase social. De este modo la política degenera en totalitarismo, la sociedad en integrismo, la religión en idolatría fundamentalista.

b).- ¿De la soledad de tener a la fraternidad de ser cristiano?.
¿Cómo no ver en esto un desafío y una promesa vigorosa de reformular una cultura rural? Esta solidaridad/fraternidad no surge de una ideologización fundada en el capital. La globalización como movimiento económico-político ha sido favorecida tanto por los modelos económicos capitalistas de libre mercado como por la ideologización socialista, que homogeniza la identidad de los pueblos bajo la bandera uniforme del capital unos, o del proletariado y la colectividad universal otros. Ambos nacen de una visión económica de la realidad, que pone en el centro de todo desarrollo histórico el capital, es decir la sola materia. O como lo decía la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil: los sistemas sociales se han propuesto el dominio de los medios de producción: el capitalismo privilegiando el poder económico; el “socialismo real”, privilegiando el poder político como instrumento de dominio . Ambas ideologías propugnaron según su propia morfología, culturas de masas. Tanto una como otra, encerrando al individuo en sus intereses monetarios. La localidad queda entonces desligada de la originalidad personal, ella es importante sólo en función del capital o de la colectividad. Del mundo desacralizado y sin Dios de la modernidad, hemos pasado al mundo sin hombre o al hombre sin mundo .

¿Estas resonancias culturales de la migración rural y la globalización, no son una llamada histórica a formular una nueva cultura católica que privilegie la memoria y la localidad, la Tradición viva y una nueva generación política? ¿La necesidad inalienable y el derecho humano del arraigo como elemento de identidad cultural, podrán ser suplantados por un paradigma global uniforme y virtual de solo tener? ¿A este paradigma actual nos hemos de conformar y confundir? ¿Cómo articular acciones en los Centros Culturales Católicos que re propongan una forma nueva de vida rural atractiva?

c).- Las sectas y su fiebre atomizante.
Sin embargo la fuerza actual de las sectas, consiste en presentar una identidad precisa en un momento de incertezas. Y ¿Cuál es esta identidad? Nada menos que una negación: “no ser católicos”. Sí, la fuerza de su identidad nace de un principio de contradicción, yo soy X precisamente porque no soy Y. Si los adeptos de las sectas intentaran penetrar en su identidad seriamente, descubrirían con asombro, que su experiencia religiosa original, está copiando de forma burda la estructura de la Iglesia que han criticado. Su “supuesta identidad”, su “originalidad doctrinal”, así como su propuesta religiosa, no son sino expresión de malestar ante la propia ignorancia o descuido pastoral, de la Iglesia que atacan. Esta afirmación refuerza la hipótesis de que las sectas nacen necesariamente en un contexto donde existe ya una identidad confesional arraigada, más o menos explícita, y frente a la cual, la respuesta sectaria se erige como verdadera y “pura” “identidad” confesional. El radicalismo y fanatismo es un grito, un alarido de quien creen poder descansar en una identidad inquebrantable, ha encontrado su lugar en la vida y nada, ni nadie, lo hará retroceder. No es el Dios vivo quien dirige ya la historia del recién convertido, sino la certeza de identidad hecha ya ídolo y medida o cedazo de la realidad total. ¿No serán estas respuestas, una llamada a sumergirnos en la identidad de nuestra fe católica? Las sectas son una llamada a ser pastoral y culturalmente propositivos. La Nueva Evangelización busca leer los deseos del hombre en la cultura de su época . A la hambre de identidad y destino corresponde el pan de la fe definida y cierta.

d).- Las sectas y la prisa del compromiso.
Las sectas ponen en evidencia que un lenguaje de imposición ética social, como el de compromiso no tiene acogida en las categorías religiosas del hombre de hoy. Sus adeptos no se identifican, ni se identificaban al momento de abandonar la Iglesia católica con este discurso moralista, de esfuerzo, compromiso, obligación y carga social. La persona desaparecía para dar lugar a la “causa de Cristo”. Había que ayudarle a Cristo, pero ¿No es Cristo que se ha hecho hombre para salvarme a mí? ¡Que desilusión! Él único que podría ayudarme está enredado en las mismas cosas que me ahogan. El hecho que no se identifiquen con el trabajo social, no significa que no lo hagan en un segundo momento, significa que el primer contacto que han tenido con la gratuidad y la trascendencia de Dios, desgraciadamente no lo recibieron de la Iglesia, de ella muchos recibieron sólo imperativos, reglas y compromisos de acción, pero nunca antes el anuncio de la Salvación en un lenguaje que pudieran recibir.


III.- ACTUAR EN CLAVE DE CULTURA CRISTIANA

1) Fe y cultura: Líneas de orientación.
La cultura es de tal modo connatural al hombre, que la naturaleza de éste no alcanza su expresión plena sino mediante la cultura. La puesta en juego de una pastoral de la cultura consiste en restituirlo a su plenitud de criatura « a imagen y semejanza de Dios » (Gn 1, 26), sustrayéndolo a la tentación antropocéntrica de considerarse independiente del Creador . Como se puede apreciar en la segunda parte, los cambios políticos, económicos y ecológicos están solicitando una nueva mentalidad, una renovada identidad cultural. No reducible a la ideologías que derivan en totalitarismos; no sometida por los lazos de una inhumana competitividad; no confusamente inmanente. Frente a una mentalidad del sólo tener, es necesario redescubrir la fuerza de una nueva cultura del dar , no como obligación sino como libertad. Obligar a entregar, es la mejor manera de hacer odiosa la alteridad del otro.

2) Desafíos y puntos de apoyo.
El desarraigo cultural, cuyas causas son múltiples, hace aparecer por contraste el papel fundamental de las raíces culturales. Como se ve, la localidad física, geográfica, no virtual, es irremplazable y la piedra de toque de un cambio en la cultura del dar. Los Centros Culturales Católicos nacen precisamente en una localidad definida, nacen de una moción interior de una o más personas, y son una expresión cultural del querer dar desde lo que se es. Reproponer la simplicidad y la gratuidad como libertad, ofrece un espacio a la responsabilidad y a la creatividad personal y comunitaria, un verdadero antídoto a la anticultura del tener. El sueño idolátrico del tener dará espacio al icono del dar gratuitamente. Poder dar supone redescubrir al otro, redescubrir al otro supone conocerlo y encontrarlo. Aquí inicia la verdadera misión de los Centros Culturales Católicos: discernir en las expresiones culturales y anticulturales de la propia sociedad, el movimiento de plenitud sembrado por Dios en el hombre, sin dejarse confundir por las aberraciones que en su ceguera genera la locura humana, que se concibe como sola, abandonada y destinada a la muerte. De este discernimiento emergen los puntos de apoyo para dialogar con el hombre y su cultura de cada época.

3) Propuestas concretas.
La propuesta de identidad católica debe entonces recuperar la localidad y la memoria , es decir los dos elementos desgarrados durante el proceso de globalización/migración sectarismo. En cuanto localidad, tres son las dimensiones que percibo como inaplazables en la propuesta: Primero, la localidad como lugar privilegiado e insustituible de encuentro personal. Segundo, la localidad como recuperación de una vigorosa dimensión política, no servil ni alienada por el poder inmanente. Tercero, la extensión de la vivencia solidaria local en orden a la fraternidad, o civilización del amor.

Con respecto a la memoria, considero que la propuesta de identidad posee dos elementos perentorios: Primero, la continuidad de iniciación entre Kerygma y Catequesis. Continuidad de fidelidad afectiva y efectiva a la Sagrada Escritura y a la Sagrada Tradición de la Iglesia, canales que constituyen la Revelación del Evangelio. A nivel pastoral esta fidelidad y aprecio permiten una continuidad en la propuesta católica de la dignidad, vocación y sentido de la vida humana, tanto a quien vive en la ciudad como en el campo. Segundo, el rescate y promoción de la historia regional, que salvaguarda no sólo la fisonomía arquitectónica cuanta la preciosa identidad cultural, que está en movimiento. Por ello una nueva identidad católica requiere asumir el anuncio de la Muerte y Resurrección del Señor, única clave para interpretar el sentido de la vida e historia humana.

Un tesoro cultural que une localidad y memoria se encuentra ya en la piedad o devoción popular . Sus ricas expresiones en la vida brasileña siguen transmitiendo de generación en generación un mirada limpia y trascendente hacia la vida. Los Centros Culturales han de prestar particular atención a los cambios de lenguaje cultural, de modo que el contenido cristiano de estas veneradas prácticas devocionales, no únicamente conserven y crezcan en su expresión emotiva y afectiva, cuanto en la acogida del Evangelio. En este sentido la Devoción popular recobra su identidad como espacio de iniciación y catequización de la Fe. Este argumento será más ampliamente presentado por Dom FERNANDO PANICO y la Doctora ANNETTE DUMOULIN quienes ampliarán el discurso sobre la devoción popular y los Centros Culturales Católicos como laboratorios de discernimiento y diálogo cultural es decir de inculturación del Evangelio.

¿Cómo tender un lazo cultural entre la Pastoral Diocesana y la vida pública? Los Centros Culturales Católicos, implantados allí donde su creación sea posible, son una ayuda capital para la evangelización y la pastoral de la cultura. Bien insertos en su medio cultural, les corresponde afrontar los problemas urgentes y complejos de la evangelización de la cultura y de la inculturación de la fe, a partir de los puntos de anclaje que ofrece un debate ampliamente abierto con todos los creadores, actores y promotores de cultura, según el espíritu del apóstol de las gentes (1 Tes 5, 21-22). Los Centros Culturales Católicos precisan, junto al discernimiento y acompañamiento del hombre contemporáneo, un lenguaje y una práxis que favorezca los encuentros interpersonales, de ahí la importancia de redimensionar la localidad. Del mismo modo que la devoción popular remite a un proceso continuo de iniciación y catequización en la fe, de la cual Jesucristo es Autor y Consumador. Un acontecimiento que llena de estupor la vida humana. Así mismo el encuentro interpersonal supone una dirección comunitaria local. Por ello los Centros Culturales de todos los niveles han de ayudar al crecimiento de las pequeñas comunidades eclesiales, parroquiales, diocesanas, religiosas, universitarias.

No se trata de atomizar la Iglesia, mucho menos de mantener una masa informe de desconocidos y anónimos bautizados. Se trata de caminar pacientemente y sin violentar la persona, hacia una formación y fortalecimiento de pequeñas comunidades, que con un mismo espíritu, y en la diversidad de carismas, opciones, medios y estructuras, muestren al mundo el signo de la comunión. Por otro lado, esta identidad de comunión remite directamente a la experiencia de un encuentro personal con Jesucristo. Un encuentro que crea comunidad y que acepta pacientemente ser iniciado en la fe adulta en el ámbito local más inmediato, la parroquia. Pero ¿Dónde confluyen esta pequeñas comunidades nacidas de la evangelización y las acciones de los Centros Culturales Católicos que actúan más de modo general y colectivo? En la persona del Obispo y en su pastoral diocesana, es ahí donde la pluralidad de carismas y experiencias recibe trabazón. En ella, el servicio de inculturación de los Centros Culturales se presenta como un soporte cultural público, de expresión dialogante, de difusión y propuesta del mismo Evangelio conocido y vivido en las pequeñas comunidades. Es la fuerza de la comunión que restaura la fractura entre la localidad y la virtualidad, el campo y la ciudad, la parroquia y la Universidad, la ciencia y la Fe, el arte y la técnica, el trabajo y el deporte, lo política/económico y lo ético, lo personal con lo colectivo, etc.

Conclusiones.

Los fenómenos de la migración rural y las sectas, están reclamando un propuesta cultural clara de nuestra identidad. Re-descubrir, re-dimensionar y re-proponer el lenguaje existencial de Jesucristo y de la Tradición de la Iglesia, la localidad y la memoria, la diversidad y la autoridad, son ya un programa de respuesta pastoral al espejo cultural de nuestros días. ¿Cómo hacer frente a estas exigencias? ¿Cómo dialogar desde esta identidad católica? Estos serán los puntos a desarrollar en la segunda parte de mi intervención en São Paulo.

Es a esto a lo que les ha convocado la Comisión Episcopal para la Cultura y Comunicación Social de Brasil y el Consejo Pontificio de la Cultura: suscitar acciones concretas que permitan la promoción y crecimiento de los Centros Culturales Católicos; experiencias nuevas y creativas en todos los niveles de la Iglesia y de la vida humana. Centros que en comunión con el Obispo y la Iglesia Universal, se dejen mover por el Espíritu Santo, para que respondiendo con originalidad, desde su confesión de fe y frente a los retos que la anticultura de muerte inflige al hombre y mujer de hoy, den signos tangibles de comunión y esperanza cristiana a una sociedad que prematuramente corre el riesgo de envejecer. Pero la esperanza no es salto en el vacío sino seguimiento de signos de que el Señor está vivo. ¡Cómo no descubrir su presencia cuando hoy más de dos estamos aquí reunidos en su Nombre! Estemos alegres y llevemos como centros culturales católicos la imagen de Jesucristo, no estamos solos el Señor está cerca.

Muchas gracias.
EM. R. PAUL CARDENAL POUPARD

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