| CONFERENCIA INAUGURAL
DE S. EM. R. PAUL CARDENAL POUPARD
PRESIDENTE DEL CONSEJO PONTIFICIO DE LA CULTURA
João Pessôa, 4 de octubre 2004.
Eminentísimos Señores Cardenales,
Excelentísimo Señor Nuncio Apostólico en
Brasil,
Excelentísimos Señores Arzobispos y Obispos,
Ilustrísimas Autoridades Civiles y Académicas,
Muy apreciados Responsables de Centros Culturales Católicos
de Brasil,
Asistentes todos:
Con viva alegría vuelvo por sexta vez a la maravillosa
tierra brasileña, que en 1974 admiré cuando vine
a Río de Janeiro para la reunión de la Federación
Internacional de Universidades Católicas FIUC, siendo yo
el Rector del Institut Catholique de París. Cuatro años
después volví y pude conocer Porto Alegre, Belo
Horizonte, Sao Paulo, Iguazú, Minas Gerais, Rio Preto,
Petropolis, Salvador de Bahía y otras más ciudades.
En octubre de mil novecientos ochenta y cuatro vine por vez primera
a Río de Janeiro como Presidente del Consejo Pontificio
de la Cultura, al Congreso Internacional Antropología y
Praxis en el pensamiento de Juan Pablo II. Al año siguiente
tuve la oportunidad de volver para inaugurar en Sumaré,
junto al Cardenal QUARRACINO, a la sazón Presidente del
CELAM, el Primer Encuentro sobre Evangelización de la Cultura.
En mil novecientos noventa y seis, regresé de nuevo a Sumaré,
invitado por el Cardenal Eugenio Sales de Araujo, para un Seminario
de formación para los Obispos de Brasil, con el tema: La
inculturación del Evangelio como fuente de integración
humana y cristiana del hombre. Hoy, cuatro lustros después,
regreso con un grande deseo de seguir aprendiendo de la realidad
católica del Brasil. Como en mi primera visita, vengo a
escuchar la voz de los Responsables de los Centros Culturales
Católicos de este riquísimo continente cultural
carioca, anhelando generar iniciativas concretas de colaboración
entre los diversos Centros Culturales Católicos de este
País y Latinoamérica, continuando la cadena de encuentros
entre estos Centros, iniciada en mil novecientos noventa y tres
en Chantilly, Francia.
1.- Introducción. El espejo cultural de los Centros Culturales
Católicos.
La conferencia que estoy ahora iniciando lleva por título:
La identidad Católica de los Centros Culturales, principio
de diálogo cultural. Título de una realidad tan
vasta como el mismo firmamento estrellado. Si la identidad católica
pudiera ser comparada con el cielo, sería precisamente
en función de los millones de astros que brillan en su
interior y que permiten apreciar su belleza y profundidad. ¿Cómo
discutir en torno a un término tan sugestivamente unívoco
como lo es el de identidad? Quizá sea esta la tentación:
partir de un concepto perfecto de identidad, entendiendo por perfecto
algo aislado y acabado. Digo tentación, porque la expresión
identidad católica sólo puede acompañar,
en sentido estricto, a los seres humanos en cuanto profesan la
fe, lo cual supone dinamismo, crecimiento; así como el
misterio mismo del ser humano develado en Cristo. ¿Cómo
se podría hablar de identidad católica de la Pastoral
de la Cultura, sin hacer referencia a lo que la misma Iglesia
dice de sí misma, en particular modo para América
Latina?
El famoso apotegma “conócete a ti mismo”,
no puede prescindir del conocimiento más inmediato de la
realidad personal, como es la percepción visual que tenemos
al mirarnos en un espejo. Acción simple y sin embargo enigmática.
¿Qué soy? ¿Quién soy? ¿Sólo
soy lo que veo? ¿Qué seré? Son cuestionamientos
ineludibles de cada hombre y mujer, ligados al fugaz instante
de percibir la propia identidad de modo reflejo. La palabra latina
“speculum” espejo, dio origen a la palabra “especular”,
es decir observar el cielo con un espejo. Del mismo modo que “consideración”
deriva de “sidus”, cielo. Pretendo pues, iniciar este
discurso, concibiendo la realidad de la identidad católica,
como algo dinámico y de significación histórica.
Al hacerlo quiero mirar el espejo de la realidad cultural más
inmediata. Intento especular y considerar el firmamento global,
cuyos fenómenos culturales, no pueden dejar de interpelarme
sobre lo que significa ser católico ahora y mañana.
Qué paradójico ejercicio: ¡Me acerco a lo
que no soy, espejo, para reconocer lo que soy!
Querer usar el espejo cultural como forma de autoelogio o triunfalismo,
es el inicio de la muerte y de la vejez. No olvidemos que el mítico
Narciso muere precisamente cuando intenta besar su propia imagen
en el estanque que lo engulle. Si por un lado conocerse a sí
mismo es un imperativo existencial, por otro lado embelesarse
con la propia efigie, constituye la cara opuesta, la amnesia,
la obsesión. No podemos hacernos sordos al reclamo hodierno
de un mundo fragmentado que mira la belleza cristiana como una
imagen deforme o incluso monstruosa. Ello nos impele a cuestionar
qué es lo que el mundo está observando en los católicos.
El rechazo a la confesión católica ¿Es un
problema de imagen que hay que adaptar? O bien ¿Es un defecto
de visión que hay que curar? ¿O acaso ambos? En
el espejo cultural, cada uno encontrará lo que busca, si
vanidad, vanidad, si identidad, identidad, si alienación,
alienación. Conciencia y amnesia son dos efectos diversos
del rechazo o aceptación de la propia identidad.
2.- El método ya es contenido.
A fin de no extraviar nuestro objetivo de anunciar a Jesucristo
desde lo que somos y profesamos, he querido estructurar mis dos
intervenciones guiado por los Documentos de la IV Asamblea General
del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo, la Exhortación
Apostólica Ecclesia in America del Papa Juan Pablo II,
fruto del Sínodo Extraordinario para América de
1997, y el Documento Para una Pastoral de la Cultura que el Consejo
Pontificio de la Cultura publicó en 1999. Estos tres documentos
no sólo plasman una identidad católica de la Pastoral
de la Cultura en sus contenidos, más aún, su misma
metodología es una ya profesión de fe.
Si Santo Domingo nos marcará el método en la primera
parte, Ecclesia in America nos presentará la manera de
identificar y encuadrar los desafíos en la segunda. La
tercera parte dedicada a la Cultura cristiana, tomaré guía
como el documento Para una Pastoral de la Cultura que ofrece orientaciones
y propuestas concretas para una renovada pastoral de la cultura.
Los dos momentos de mi intervención, aquí en João
Pessôa y luego en São Paulo, tendrán como
cardo el tema de la identidad católica. He querido dividir
mis reflexiones en torno a dos polos de discusión, profundamente
ligados y mutuamente influyentes entre sí, el ámbito
de la cultura rural y el ámbito de la cultura urbana.
En ambas conferencias seguiré el método propuesto
por el Papa Juan Pablo II para la Asamblea de Santo Domingo. Método
que la misma Conferencia de Obispos de Brasil ha asumido en sus
Directrices Generales de Acción Evangelizadora de la Iglesia
2003-2006, donde los desafíos culturales son los primeros
en ser mencionados. Dos fenómenos centrarán mi atención
en esta exposición: la migración rural y las sectas;
realidades más o menos comunes a todo el orbe, pero que
en Brasil tienen coordenadas precisas. Consiéntaseme, entonces,
no entrar de lleno en la exposición de los datos estadísticos
propiamente dichos de la realidad brasileña; información
que por otro lado será mejor presentada, por quienes tienen
la fortuna de vivir en este continente cultural que es el Brasil.
I.- CONTEMPLAR PARA UNA NUEVA EVANGELIZACIÓN.
Si la nueva evangelización no consiste en un "nuevo
evangelio", que surgiría siempre de nosotros mismos,
de nuestra cultura, de nuestros análisis de las necesidades
del hombre…La nueva evangelización tiene, como punto
de partida, la certeza de que en Cristo hay una "inescrutable
riqueza" (Ef 3, 8), que no agota ninguna cultura, ni ninguna
época, y a la cual podemos acudir siempre los hombres para
enriquecernos. Esa riqueza es, ante todo, Cristo mismo, su persona,
porque El mismo es nuestra salvación. De ahí el
feliz nombre del Proyecto nacional de Evangelización de
Brasil: Queremos ver a Jesús, Camino de Verdad y Vida.
Dado que nuestra misión es la Evangelización del
hombre a través del conocimiento y discernimiento de su
cultura , los elementos que identificaré en relación
a la necesidad de una robusta identidad cultural, no pueden ser
encerrados en una visión exclusivamente sociológica.
Sea porque el destinatario del Evangelio no se agota en los datos,
sea porque el Mensaje mismo que comunicamos trasciende toda circunscripción
estadística. Por ello, intentaré mostrar que los
elementos a los que aludiré, están reclamando una
nueva propuesta católica de identidad cultural. La propuesta
católica de cultura que incluye necesariamente la política
y la economía y las realidades temporales, pero exige una
identidad de trascendencia, que dé significado a la inmanencia.
¿Cómo conducir un barco en medio de la tormenta
cuyo puerto final se ignora o se considera inexistente? ¿Valdrá
la pena vivir absurdamente toda una vida en medio de una tormenta
sabiendo o excluyendo un destino? Tanto el regionalismo como la
globalización están reclamando de los católicos
un palabra del Evangelio que vislumbre un nuevo desarrollo local
y una apertura global. El ser católico implica haber encontrado
a Jesucristo , Aquél que abre a la comunión en la
diversidad, a la solidaridad que hace de la historia una puerta
a la trascendencia, un avant-goût de la eternidad.
Una proclamación vivencial del Kerygma, puede hoy como
ayer, sacudir también una sociedad rural, que acepte el
reto de permanecer firme en el paciente trabajo de ser libre.
Que acepte vivir con alegría la simplicidad de ser y no
la angustia de tener. Una identidad que asegure el contacto solidario
con la tierra y no demagógico; que refuerce la historia
familiar; que no niegue la dimensión local y política
de su fe. Una identidad católica que permita dialogar con
otras formas culturales y religiosas, precisamente porque tiene
una propuesta de felicidad robusta, trascendente, fundada en la
esperanza cierta, precisa, ininterrumpida, que la vida no termina
aquí.
Pero, esta perspectiva no nace de “proyectos quinquenales”,
sino de haber tocado a Jesucristo en la historia, sólo
en Él tiene sentido la historia hecha de tierra y cielos
precisos. No se puede vivir la continuidad cuando la vida y la
memoria degeneran en folklore, cuando la memoria se vuelve recuerdo,
cuando la Tradición se hace costumbre. Si la epidemia cultural
que ataca a tantos emigrante es la amnesia ¿No será
precisamente un re descubrimiento de la Tradición Viva
la que cure sus llagas? Atención, Tradición, no
es costumbre. Traditio es transmitir lo que a nuestra vez recibimos:
el Kerygma, su fuerza transfiguradora. El escriba del Reino (Cfr.
Mt. 13, 52) sigue siendo una valiosa imagen de la inculturación
de la Pastoral de la Cultura, que saca cosas nuevas y viejas de
su depósito . ¿No será entonces necesario
una identidad católica que proponga esta nueva forma de
unir pasado y presente, localidad y destino trascendente?
II.- JUZGAR EN LA PROMOCION HUMANA.
El mundo no puede sentirse tranquilo y satisfecho ante la situación
caótica y desconcertante que se presenta ante nuestros
ojos…Ante todo esto, se impone un "cambio de mentalidad,
de comportamiento y de estructuras. En una palabra: hay que hacer
valer el nuevo ideal de solidaridad frente a la caduca voluntad
de dominio.
I.- El encuentro con Jesucristo en el hoy de América.
a).- Globalización y migración rural, una carrera
contra reloj
Si bien es cierto que los medios de comunicación social
al servicio de la economía de mercado se han transformado
en un excelente vehículo para la globalización cultural,
de modo que podría parecer irrelevante hablar de distinción
de cultura rural y urbana, he querido mantener esta división,
no sólo para acentuar fenómenos más específicos
de estos dos ambientes, cuanto para mostrar desde el inicio que
la globalización no debe en modo alguno ser percibida y
valorada como la última palabra cultural.
La globalización no sólo ha movilizado capitales,
sino ante todo personas. A las transacciones millonarias de un
banco a otro, de un país a otro, les han seguido y precedido
otras tantas de hombres y mujeres con una historia y memoria irrepetibles
. Personas que remiten a un contexto local preciso. No sólo
la globalización no es el fatídico destino de homogenización
de una mentalidad dominante, frente a la cual se ha de renunciar
a la memoria, a la creatividad, a la originalidad e irrepetibilidad
del genio y condición humanas. Más aún, precisamente
la globalización nos ofrece ahora la posibilidad de reconstruir
la validez de la diversidad frente a la propia identidad. Millones
de brasileños y latinoamericanos viven o provienen del
campo, a estos hermanos, que desde su condición plural,
constituyen más del 20% de la población latinoamericana,
también se les debe una palabra de aliento , de fortaleza
y propuesta cultural.
El proceso actual y los últimos acontecimientos nos han
demostrado que no estamos en un proceso irreversible o predeterminado
de simplificación cultural. Son estas razones las que me
empujan a seguir considerando la realidad rural, no sólo
como origen y memoria de las culturas urbanas, sino como verdadera
propuesta actual de humanismo cristiano. El campo es aún
hoy, una fuerte realidad cultural, que enfrenta desafíos
precisos, ligados al auge de la visión hodierna de la ciudad.
Campo y ciudad constituyen dos caras de una sola moneda, el habitat
del hombre que genera cultura. Siempre que se observa alguno de
las dos caras, se ha de recordar que la otra permanece escondida.
Las causas sociales y culturales de la migración serán
más detalladamente tratadas por Dom MARCELO PINTO CARVALHEIRA.
b).- Las Sectas un reclamo a la apatía.
El espejo cultural de América Latina ha aportado a nuestra
última Asamblea Plenaria un mapa donde las sectas y su
efecto de indiferencia son los principales corrosivos de la realidad
de increencia actual. También el año pasado el CELAM
ha publicado un robusto libro de más de 800 páginas
denominado: Las sectas: Análisis desde América Latina
. Aún recuerdo que una de las constantes de los informes
de los Obispos Brasileños en visita Ad limina hace dos
años, mostraban su preocupación por estos grupos
atomizados y atomizantes. Pero será el día de mañana
que el Doctor SERGIO SEZINO DOUETS VASCONCELOS presentará
más detalladamente el tema de las sectas y el sincretismo.
En esta sede deseo fijaré mi atención en dos expresiones
culturales que confluyen en el avance de las sectas. Uno, las
sectas no aparecen desvinculadas de intereses económicos
y políticos transnacionales. Dos, las sectas evidencian
una realidad religiosa precisa, tanto a nivel confesional como
no confesional, de las sociedades moderna y post moderna.
c).-Imperio virtual en clave emotiva-religiosa.
No es extraño a ninguno que la religión sea el primer
vínculo de cohesión social. Un debilitamiento de
este ligamen de la identidad permite enfrentar un vecino culturalmente
desgastado, políticamente dócil, económicamente
inofensivo. Las sectas constituyen en este sentido el avance terrestre
del modelo cultural norteamericano, mientras los medios de comunicación
social corresponden al avanzada virtual de este paradigma global
. La fe católica no sólo es una religión
mayoritaria en Latinoamérica; es la profesión de
fe en el Misterio de la Encarnación , donde no se pueden
justificar ni el racismo, ni la predestinación, ni el nacionalismo
de Monroe, ni el eugenismo, ni ninguna clase de liberalismo económico
como salvación. Es Misterio que rechaza la configuración
individualista de masa, de uniformidad cultural, sin pasado, sin
memoria y sin destino solidario.
Se podría pensar que para ser una nación fuerte
es preciso regresar a la cristiandad o al menos al integralismo
religioso. Esto sería una forma romántica y melancólica
de entender la historia. La historia humana tiene un destino trascendente,
no inmanente. Por ello la identidad del hombre y su cultura no
es pasiva o estática, sino dinámica y creciente.
Los números de las sectas crecen, del mismo modo que crece
la defección de ellas. Se tienen datos a veces muy inflados
de los adeptos que ingresan en ellas, pero carecemos de datos
sobre aquellos que abandonan el grupo y engruesan las filas de
la indiferencia. La emotividad, con toda la fuerza que posee,
carece de un pequeño elemento indispensable y vital para
el sentido de la vida humana: la paciencia. Podríamos decir
que a nivel emotivo, la única fuerza igualmente potente
al entusiasmo es la desolación. La alternancia de estos
dos elementos emocionales configura la perseverancia o renuncia
a la secta. Las sectas han apostado a la emoción y a la
interpretación individual de las Escrituras; la permanencia
de las emociones en la historia será su juez.
2.-El camino de la conversión.
a) La migración rural, el espejo de una localidad virtual.
Si toda cultura se va articulando a partir de la cosmovisión
del hombre, de sus deseos más íntimos y de los valores
que orientan y dirigen su búsqueda de felicidad, hemos
de reconocer que para acercarnos a las perspectivas de la cultura
rural, es preciso conocer la cosmovisión y los cambios
existenciales de quien por necesidad debe dejar una localidad
rural. Dos elementos existenciales plasman la morfología
cultural del emigrante: la tierra y la memoria. En torno a estos
dos elementos tierra, geografía o localidad, y memoria,
se originan dos movimientos de adaptación cultural: 1)
La exigencia actual de abandonar el campo o la localidad por razones
económicas, conlleva una cierta desilusión o sentimiento
de fracaso de la memoria personal y de su identidad rural. 2)Ello
obliga a llenar el vacío con una nueva identidad.
Estos dos movimientos se verifican además en un contexto
global que los genera e influye. Así, del primer movimiento
brotará una cierta apatía política, una forma
de indiferencia hacia la dimensión local/política
nueva. La misma evasión que millones de jóvenes
encuentran en la droga apenas llegados a las periferias urbanas,
hace referencia a este primer movimiento de olvido obligado o
alienación. Del segundo movimiento se origina en cambio,
un hambre voraz de poseer, de tener. Sin tierra y sin pasado,
sólo queda la lucha frenética de poseer en el presente.
La identidad cultural local o regional ha sido vaciada por un
paradigma global y homogenizante de lucro y competitividad.
b) La amnesia de la localidad y del encuentro.
Romper con el entorno físico no es algo indiferente a la
historia de la familia, de las costumbres domésticas y
regionales; tampoco a la vivencia de la fe. Abandonar la tierra
es renunciar a tener raíces físicas, geográficas,
en la tierra de los padres que me engendraron. Dejar atrás
el entorno físico de la población natal, para adentrarme
en la jungla del cemento, es aislarse, voluntariamente o no, del
conocimiento colectivo tradicional, conocimiento que me ligaba
a una casa, a un jefe de familia, a una historia. Es renunciar
a ser alguien y pasar a ser cualquiera, un anónimo, un
nombre en el mejor de los casos, o un número: según
el Instituto Brasileño de Geografía e Historia,
25 millones de brasileños no poseen un certificado de nacimiento
. Un hombre sin pasado es un hombre que posee un presente mutilado.
La perdida de la memoria se encuentra entre los dolores más
agudos que una persona padece. La amnesia permanente puede incluso
ser inicio de locura. Olvidar no es sinónimo de sanar.
Este mismo dolor, se verifica de alguna manera en quienes han
dejado su comunidad rural, deben olvidar si quieren sobrevivir
en la sociedad urbana.
3.- El camino de la comunión.-
a).- La anticultura del sólo tener.
Aún después de las Reformas Agrarias, la dualidad
de la producción agrícola paradójicamente
se ha incrementado, precisamente porque el título de propiedad
de la tierra se ha convertido en un objeto de compraventa. Al
no poder competir con empresas transnacionales o potentes empresarios
nacionales, sometidos ellos mismos a los mercados internacionales,
el pequeño propietario se ve empujado a vender su propiedad
precisamente a los latifundistas , que anteriormente no habían
logrado obtener esa tierra a causa de las reformas agrarias .
Familias enteras abandonan su hogar por carecer, no tanto de medios
económicos de subsistencia inmediata, cuanto de un proyecto
de felicidad atrayente en un futuro próximo. Inconscientemente
se va infiltrando la mentalidad de permanecer en el campo sólo
cuando se es anciano. “¿Quién puede seguir
viviendo en el campo cuando la ciudad ofrece más dinero
con menos esfuerzo?” “¿Cómo continuar
viviendo en un lugar donde no es posible tener la casa, el automóvil,
la ropa y las diversiones de la ciudad?” “Es preciso
ser alguien en la vida por ello tengo que estudiar, para ganar
dinero y poder ser respetado”. “Ser alguien”
en el campo o en la ciudad significa tener, este es el verdadero
peso negativo y uniformista de la globalización. El entorno
familiar o físico ha dejado de ser referencia de identidad,
basta sólo tener. “Dime cuanto tienes y te diré
quien eres”. El peso de fracasar, de no tener, es el nuevo
miedo al infierno del no ser amado.
Culturalmente, la fuerza del espacio se va debilitando, al tiempo
que los factores subjetivos, cobran un nuevo vigor. Realidad virtual
y entorno funcionalmente lucrativo, son el nuevo paisaje de la
cultura ciber-rural. Si la primera norma de la vida política
es que toda política es local , basta pensar en las medidas
reguladoras que muchos países en vías de desarrollo
han tenido que implementar a fin de ser considerados “competitivos”
por los inversionistas extranjeros y nacionales, para percatarse
de una sumisión de las políticas nacionales a la
economía global, impensable tan sólo hace 20 años.
En el campo como en la ciudad, la política ha dejado de
ser centralizadora del poder histórico de las décadas
pasadas, para ocupar el puesto de sierva, para no decir esclava,
del orden económico. Podríamos decir incluso politica
ancella oeconomiae. El cansancio y el hastío de vivir continuamente
en la soledad, a veces arbitraria y caprichosa de la subjetividad,
pienso que generará una reacción violenta, una búsqueda
febril de autenticidad, es decir de objetividad, de concreción
de certezas, de arraigo. Proponer vivir en el ámbito rural
requiere una forma atrayente que recupere la autenticidad y la
libertad como bastiones.
¿Puede entonces realmente existir una cultura específicamente
rural que sea alternativa y propositiva hoy? El factor geográfico
¿podrá resistir al embate de la atracción
del panorama virtual de una economía cada vez más
urbana? Si la economía hoy más que nunca, aparece
como global y si la política tiene como esencia ser local,
no cabe duda, de que la especificidad de una cultura que nace
entorno a una localidad real, no virtual, puede condicionar nuevos
movimientos culturales que redescubran la dimensión política
del hombre y de la comunidad local, del ambiente y de la economía.
Estas implicaciones vendrán desarrolladas por la Senadora
y Ministra de Medio Ambiente MARINA SILVA, el día de mañana.
b).- La sordera de una necesidad humana de sentido trascendente.
Ante la urgencia de una construcción social más
equitativa y conforme al Evangelio en América Latina, han
nacido diversas experiencias, algunas más radicales que
otras. Este acento social de cambio justamente deseado, hizo que
la Iglesia expresara su opción original por los pobres,
opción que algunos entendieron como exclusivamente sociológica
y no como preferencialmente evangélica. De esta opción
exclusiva por los pobres se generó, que los pobres optaran
por las sectas. Este es el juego y esta es la trampa de las sectas
y de los turbios intereses que las mantienen: Al anunciar el Evangelio
en clave sociológica pareciera abrirse una paradoja: o
eliges a los pobres, exclusiva y socialmente, y ellos te dejarán
confesionalmente, o eliges la injusticia y ya has dejado de anunciar
el Evangelio. Pero, atención, ¿Qué es lo
que está en juego? ¿Es que nuestros “intereses”
son los mismos que el de los centros de poder que sufragan y dirigen
las sectas? Si son los mismos, dejemos entonces que el cliente
escoja el producto más adecuado a sus necesidades “religiosas”.
Pero sin nuestros intereses no son políticos y económicos
¿Cuales son? El motor que mueve la misión de Evangelizar
¿No es el mismo que mueve la identidad católica?
Es aquí donde entra el segundo factor: Las sectas evidencian
una realidad religiosa precisa tanto a nivel confesional como
no confesional de las generaciones actuales.
Durante la última Asamblea Plenaria, cuyo tema fue: Los
retos que la no creencia y la indiferencia religiosa presentan
a la fe cristiana , hemos recibido más de 300 respuestas
de Conferencias Episcopales, Universidades y Centros Culturales,
Profesores y personalidades del mundo académico de todo
el mundo, católicos y no. En las respuestas hemos constatado
que el secularismo, el relativismo y el pluralismo religioso,
han generado un resurgimiento religioso que parece orientarse
en dos direcciones precisas y diversas: 1) La negación
de la objetividad de la realidad Trascendente. 2) El rechazo o
indiferencia a lo que signifique alteridad . Los efectos de indiferencia
religiosa en occidente tanto en Europa, América Latina,
Estados Unidos y Canadá, poseen diversos matices. Por ejemplo,
en América Latina el paso a la indiferencia religiosa se
realiza mediante el paso por las sectas. ¿Cuál es
el peligro de las sectas? ¿Por qué es importante
detener el avance de las sectas? De estas mal improvisadas preguntas,
se podrían recoger o individuar, por el tipo de respuesta,
el concepto vital o esencial que se tiene acerca del cristianismo,
de la fe o confesión católica, de lo humano, de
lo divino de lo eclesial.
Para quien la fe es una adhesión social de pertenencia
gregaria con beneficios únicamente sociales, las sectas
son el invasor individualista que rompe la colectividad. Son amenaza
porque promueven un angelismo desencarnado y egoísta de
una potencia oligárquica enemiga. La secta es el narcótico
alienado de un desobligado social. Es una rémora para el
cambio de estructuras. La salvación aparece entonces sólo
como económicamente inmanente. Este concepto estuvo en
boga durante tres décadas, pero el ideal de “utopía
social” cambió, el concepto de “compromiso
social” produjo fatiga y desbandada en los jóvenes
de esta generación , que no quieren saber nada de lucha
o revolución, porque retozan en el sueño alienante
de lo virtual. Las sectas están denunciando un vacío
en la comunicación de la experiencia trascendente de Cristo.
Otros ven las sectas como las causantes de una tendencia “protestante”
en la Iglesia. De este modo rechazan cualquier nuevo elemento
pastoral que sea utilizado también por las sectas. “Es
importante evitar que lleguen las sectas, porque ellas vuelven
inútil el método pastoral que se sigue en esta parroquia”.
Sí, todas estas preocupaciones son considerables, pero
insuficientes. ¿Hasta que punto se confiesa que la identidad
católica despliega por sí misma un verdadero camino
de transfiguración integral del hombre que la acoge? ¿Una
cuestión de vida o muerte para el hombre? Para la identidad
católica lo que esta en juego es el hombre, no el control
político económico. Amar al hombre como lo ha amado
Jesucristo.
4.- El camino de la solidaridad.
a).- Solidaridad no es fusión de intereses sino fraternidad.
Responder a este desafío supera las solas fuerzas de la
persona o grupo familiar, es necesario una red solidaria, rural
y urbana, una forma eclesial de comunión que comporte unidad
y diversidad, localidad y apertura, inmanencia y trascendencia:
una nueva identidad católica. La globalización de
la solidaridad, que el Santo Padre JUAN PABLO II ha indicado como
proyecto de civilización del amor hoy, y que tanto la CNBB
como el CELAM han abrazado y propuesto diligentemente en múltiples
documentos de Pastoral Social, es un justo reclamo a expresar
la dimensión político-económica de la fe,
es decir, de la dimensión local de la cultura. Esta solidaridad
globalizada supone la inversión cultural del tener al dar,
inversión que no se impone, sino que se gesta en el motor
mismo de la cultura: el corazón del hombre.
Podríamos decir, que los dos trazos de la silueta cultural
rural son la dimensión local y la fuerza de la memoria.
Política e historia constituirán por tanto los ámbitos
privilegiados que el campo extrae de su especificidad cultural.
Como ya dije, estoy convencido que una adecuada atención
y escucha del ámbito rural, que incluye en América
Latina las riquezas indígena y afroamericana, es un campo
privilegiado para ofrecer como Centro Cultural, desde la identidad
católica, un nuevo proyecto de política, de bien
común, en estos tiempos de globalización. Tema que
encontrará en la exposición de mayores elementos
de reflexión. Deseo ser muy claro en este punto: la cultura
no puede reducirse ni a una dimensión de la vida social,
como la política económica, ni mucho menos a una
corriente, escuela o ideología de economía política.
La propuesta política, hecha por quien confiesa la fe católica
para una localidad precisa , no puede prescindir del destino trascendente
del hombre. El ostracismo o provincianismo regionalista no es
en modo alguno la opción cultural de la identidad católica.
Esta corriente conlleva el mismo principio de exclusión
a lo trascendente, que es apertura al Totalmente Otro divino,
como al otro humano y creatural. Fundamentalismo, racismo, capitalismo
y marxismo, suponen un centro excluyente: la confesión
religiosa, la raza, el capital y la clase social. De este modo
la política degenera en totalitarismo, la sociedad en integrismo,
la religión en idolatría fundamentalista.
b).- ¿De la soledad de tener a la fraternidad de ser cristiano?.
¿Cómo no ver en esto un desafío y una promesa
vigorosa de reformular una cultura rural? Esta solidaridad/fraternidad
no surge de una ideologización fundada en el capital. La
globalización como movimiento económico-político
ha sido favorecida tanto por los modelos económicos capitalistas
de libre mercado como por la ideologización socialista,
que homogeniza la identidad de los pueblos bajo la bandera uniforme
del capital unos, o del proletariado y la colectividad universal
otros. Ambos nacen de una visión económica de la
realidad, que pone en el centro de todo desarrollo histórico
el capital, es decir la sola materia. O como lo decía la
Conferencia Nacional de Obispos de Brasil: los sistemas sociales
se han propuesto el dominio de los medios de producción:
el capitalismo privilegiando el poder económico; el “socialismo
real”, privilegiando el poder político como instrumento
de dominio . Ambas ideologías propugnaron según
su propia morfología, culturas de masas. Tanto una como
otra, encerrando al individuo en sus intereses monetarios. La
localidad queda entonces desligada de la originalidad personal,
ella es importante sólo en función del capital o
de la colectividad. Del mundo desacralizado y sin Dios de la modernidad,
hemos pasado al mundo sin hombre o al hombre sin mundo .
¿Estas resonancias culturales de la migración rural
y la globalización, no son una llamada histórica
a formular una nueva cultura católica que privilegie la
memoria y la localidad, la Tradición viva y una nueva generación
política? ¿La necesidad inalienable y el derecho
humano del arraigo como elemento de identidad cultural, podrán
ser suplantados por un paradigma global uniforme y virtual de
solo tener? ¿A este paradigma actual nos hemos de conformar
y confundir? ¿Cómo articular acciones en los Centros
Culturales Católicos que re propongan una forma nueva de
vida rural atractiva?
c).- Las sectas y su fiebre atomizante.
Sin embargo la fuerza actual de las sectas, consiste en presentar
una identidad precisa en un momento de incertezas. Y ¿Cuál
es esta identidad? Nada menos que una negación: “no
ser católicos”. Sí, la fuerza de su identidad
nace de un principio de contradicción, yo soy X precisamente
porque no soy Y. Si los adeptos de las sectas intentaran penetrar
en su identidad seriamente, descubrirían con asombro, que
su experiencia religiosa original, está copiando de forma
burda la estructura de la Iglesia que han criticado. Su “supuesta
identidad”, su “originalidad doctrinal”, así
como su propuesta religiosa, no son sino expresión de malestar
ante la propia ignorancia o descuido pastoral, de la Iglesia que
atacan. Esta afirmación refuerza la hipótesis de
que las sectas nacen necesariamente en un contexto donde existe
ya una identidad confesional arraigada, más o menos explícita,
y frente a la cual, la respuesta sectaria se erige como verdadera
y “pura” “identidad” confesional. El radicalismo
y fanatismo es un grito, un alarido de quien creen poder descansar
en una identidad inquebrantable, ha encontrado su lugar en la
vida y nada, ni nadie, lo hará retroceder. No es el Dios
vivo quien dirige ya la historia del recién convertido,
sino la certeza de identidad hecha ya ídolo y medida o
cedazo de la realidad total. ¿No serán estas respuestas,
una llamada a sumergirnos en la identidad de nuestra fe católica?
Las sectas son una llamada a ser pastoral y culturalmente propositivos.
La Nueva Evangelización busca leer los deseos del hombre
en la cultura de su época . A la hambre de identidad y
destino corresponde el pan de la fe definida y cierta.
d).- Las sectas y la prisa del compromiso.
Las sectas ponen en evidencia que un lenguaje de imposición
ética social, como el de compromiso no tiene acogida en
las categorías religiosas del hombre de hoy. Sus adeptos
no se identifican, ni se identificaban al momento de abandonar
la Iglesia católica con este discurso moralista, de esfuerzo,
compromiso, obligación y carga social. La persona desaparecía
para dar lugar a la “causa de Cristo”. Había
que ayudarle a Cristo, pero ¿No es Cristo que se ha hecho
hombre para salvarme a mí? ¡Que desilusión!
Él único que podría ayudarme está
enredado en las mismas cosas que me ahogan. El hecho que no se
identifiquen con el trabajo social, no significa que no lo hagan
en un segundo momento, significa que el primer contacto que han
tenido con la gratuidad y la trascendencia de Dios, desgraciadamente
no lo recibieron de la Iglesia, de ella muchos recibieron sólo
imperativos, reglas y compromisos de acción, pero nunca
antes el anuncio de la Salvación en un lenguaje que pudieran
recibir.
III.- ACTUAR EN CLAVE DE CULTURA CRISTIANA
1) Fe y cultura: Líneas de orientación.
La cultura es de tal modo connatural al hombre, que la naturaleza
de éste no alcanza su expresión plena sino mediante
la cultura. La puesta en juego de una pastoral de la cultura consiste
en restituirlo a su plenitud de criatura « a imagen y semejanza
de Dios » (Gn 1, 26), sustrayéndolo a la tentación
antropocéntrica de considerarse independiente del Creador
. Como se puede apreciar en la segunda parte, los cambios políticos,
económicos y ecológicos están solicitando
una nueva mentalidad, una renovada identidad cultural. No reducible
a la ideologías que derivan en totalitarismos; no sometida
por los lazos de una inhumana competitividad; no confusamente
inmanente. Frente a una mentalidad del sólo tener, es necesario
redescubrir la fuerza de una nueva cultura del dar , no como obligación
sino como libertad. Obligar a entregar, es la mejor manera de
hacer odiosa la alteridad del otro.
2) Desafíos y puntos de apoyo.
El desarraigo cultural, cuyas causas son múltiples, hace
aparecer por contraste el papel fundamental de las raíces
culturales. Como se ve, la localidad física, geográfica,
no virtual, es irremplazable y la piedra de toque de un cambio
en la cultura del dar. Los Centros Culturales Católicos
nacen precisamente en una localidad definida, nacen de una moción
interior de una o más personas, y son una expresión
cultural del querer dar desde lo que se es. Reproponer la simplicidad
y la gratuidad como libertad, ofrece un espacio a la responsabilidad
y a la creatividad personal y comunitaria, un verdadero antídoto
a la anticultura del tener. El sueño idolátrico
del tener dará espacio al icono del dar gratuitamente.
Poder dar supone redescubrir al otro, redescubrir al otro supone
conocerlo y encontrarlo. Aquí inicia la verdadera misión
de los Centros Culturales Católicos: discernir en las expresiones
culturales y anticulturales de la propia sociedad, el movimiento
de plenitud sembrado por Dios en el hombre, sin dejarse confundir
por las aberraciones que en su ceguera genera la locura humana,
que se concibe como sola, abandonada y destinada a la muerte.
De este discernimiento emergen los puntos de apoyo para dialogar
con el hombre y su cultura de cada época.
3) Propuestas concretas.
La propuesta de identidad católica debe entonces recuperar
la localidad y la memoria , es decir los dos elementos desgarrados
durante el proceso de globalización/migración sectarismo.
En cuanto localidad, tres son las dimensiones que percibo como
inaplazables en la propuesta: Primero, la localidad como lugar
privilegiado e insustituible de encuentro personal. Segundo, la
localidad como recuperación de una vigorosa dimensión
política, no servil ni alienada por el poder inmanente.
Tercero, la extensión de la vivencia solidaria local en
orden a la fraternidad, o civilización del amor.
Con respecto a la memoria, considero que la propuesta de identidad
posee dos elementos perentorios: Primero, la continuidad de iniciación
entre Kerygma y Catequesis. Continuidad de fidelidad afectiva
y efectiva a la Sagrada Escritura y a la Sagrada Tradición
de la Iglesia, canales que constituyen la Revelación del
Evangelio. A nivel pastoral esta fidelidad y aprecio permiten
una continuidad en la propuesta católica de la dignidad,
vocación y sentido de la vida humana, tanto a quien vive
en la ciudad como en el campo. Segundo, el rescate y promoción
de la historia regional, que salvaguarda no sólo la fisonomía
arquitectónica cuanta la preciosa identidad cultural, que
está en movimiento. Por ello una nueva identidad católica
requiere asumir el anuncio de la Muerte y Resurrección
del Señor, única clave para interpretar el sentido
de la vida e historia humana.
Un tesoro cultural que une localidad y memoria se encuentra ya
en la piedad o devoción popular . Sus ricas expresiones
en la vida brasileña siguen transmitiendo de generación
en generación un mirada limpia y trascendente hacia la
vida. Los Centros Culturales han de prestar particular atención
a los cambios de lenguaje cultural, de modo que el contenido cristiano
de estas veneradas prácticas devocionales, no únicamente
conserven y crezcan en su expresión emotiva y afectiva,
cuanto en la acogida del Evangelio. En este sentido la Devoción
popular recobra su identidad como espacio de iniciación
y catequización de la Fe. Este argumento será más
ampliamente presentado por Dom FERNANDO PANICO y la Doctora ANNETTE
DUMOULIN quienes ampliarán el discurso sobre la devoción
popular y los Centros Culturales Católicos como laboratorios
de discernimiento y diálogo cultural es decir de inculturación
del Evangelio.
¿Cómo tender un lazo cultural entre la Pastoral
Diocesana y la vida pública? Los Centros Culturales Católicos,
implantados allí donde su creación sea posible,
son una ayuda capital para la evangelización y la pastoral
de la cultura. Bien insertos en su medio cultural, les corresponde
afrontar los problemas urgentes y complejos de la evangelización
de la cultura y de la inculturación de la fe, a partir
de los puntos de anclaje que ofrece un debate ampliamente abierto
con todos los creadores, actores y promotores de cultura, según
el espíritu del apóstol de las gentes (1 Tes 5,
21-22). Los Centros Culturales Católicos precisan, junto
al discernimiento y acompañamiento del hombre contemporáneo,
un lenguaje y una práxis que favorezca los encuentros interpersonales,
de ahí la importancia de redimensionar la localidad. Del
mismo modo que la devoción popular remite a un proceso
continuo de iniciación y catequización en la fe,
de la cual Jesucristo es Autor y Consumador. Un acontecimiento
que llena de estupor la vida humana. Así mismo el encuentro
interpersonal supone una dirección comunitaria local. Por
ello los Centros Culturales de todos los niveles han de ayudar
al crecimiento de las pequeñas comunidades eclesiales,
parroquiales, diocesanas, religiosas, universitarias.
No se trata de atomizar la Iglesia, mucho menos de mantener una
masa informe de desconocidos y anónimos bautizados. Se
trata de caminar pacientemente y sin violentar la persona, hacia
una formación y fortalecimiento de pequeñas comunidades,
que con un mismo espíritu, y en la diversidad de carismas,
opciones, medios y estructuras, muestren al mundo el signo de
la comunión. Por otro lado, esta identidad de comunión
remite directamente a la experiencia de un encuentro personal
con Jesucristo. Un encuentro que crea comunidad y que acepta pacientemente
ser iniciado en la fe adulta en el ámbito local más
inmediato, la parroquia. Pero ¿Dónde confluyen esta
pequeñas comunidades nacidas de la evangelización
y las acciones de los Centros Culturales Católicos que
actúan más de modo general y colectivo? En la persona
del Obispo y en su pastoral diocesana, es ahí donde la
pluralidad de carismas y experiencias recibe trabazón.
En ella, el servicio de inculturación de los Centros Culturales
se presenta como un soporte cultural público, de expresión
dialogante, de difusión y propuesta del mismo Evangelio
conocido y vivido en las pequeñas comunidades. Es la fuerza
de la comunión que restaura la fractura entre la localidad
y la virtualidad, el campo y la ciudad, la parroquia y la Universidad,
la ciencia y la Fe, el arte y la técnica, el trabajo y
el deporte, lo política/económico y lo ético,
lo personal con lo colectivo, etc.
Conclusiones.
Los fenómenos de la migración rural y las sectas,
están reclamando un propuesta cultural clara de nuestra
identidad. Re-descubrir, re-dimensionar y re-proponer el lenguaje
existencial de Jesucristo y de la Tradición de la Iglesia,
la localidad y la memoria, la diversidad y la autoridad, son ya
un programa de respuesta pastoral al espejo cultural de nuestros
días. ¿Cómo hacer frente a estas exigencias?
¿Cómo dialogar desde esta identidad católica?
Estos serán los puntos a desarrollar en la segunda parte
de mi intervención en São Paulo.
Es a esto a lo que les ha convocado la Comisión Episcopal
para la Cultura y Comunicación Social de Brasil y el Consejo
Pontificio de la Cultura: suscitar acciones concretas que permitan
la promoción y crecimiento de los Centros Culturales Católicos;
experiencias nuevas y creativas en todos los niveles de la Iglesia
y de la vida humana. Centros que en comunión con el Obispo
y la Iglesia Universal, se dejen mover por el Espíritu
Santo, para que respondiendo con originalidad, desde su confesión
de fe y frente a los retos que la anticultura de muerte inflige
al hombre y mujer de hoy, den signos tangibles de comunión
y esperanza cristiana a una sociedad que prematuramente corre
el riesgo de envejecer. Pero la esperanza no es salto en el vacío
sino seguimiento de signos de que el Señor está
vivo. ¡Cómo no descubrir su presencia cuando hoy
más de dos estamos aquí reunidos en su Nombre! Estemos
alegres y llevemos como centros culturales católicos la
imagen de Jesucristo, no estamos solos el Señor está
cerca.
Muchas gracias.
EM. R. PAUL CARDENAL POUPARD |