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Comunicado Final - EL ACONTECIMIENTO
El Encuentro se ha desarrollado en la sede del Pontificio Consejo
para la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes, en Roma. En él
han participado, además de los Superiores del Consejo y
de sus dos Oficiales del sector, dos Obispos y varios sacerdotes,
religiosos/as y laicos, representantes de las Conferencias Episcopales
de 11 Naciones europeas, es decir, Austria, República Checa,
Estonia, Federación Rusa, Alemania, Irlanda, Italia, Polonia,
Portugal, España y Hungría, además de 7 Países
de otros continentes, comprendiendo los expertos, es decir, de
Bolivia, Brasil, Congo R.D., Filipinas, India, México y
Perú. Estaban presentes también, junto con el Secretario
General de Caritas Internationalis, delegados de “Kindermissionswerk”
(Alemania) y representantes de la Congregación Salesiana,
de las Hermanas del Buen Pastor y de los Hermanos de las Escuelas
Cristianas.
Los participantes recibieron un Mensaje de ánimo por parte
del Santo Padre, el cual, con un telegrama del Cardenal Angelo
Sodano, Secretario de Estado, ha enviado un saludo de augurio
y ha formulado calurosos votos por el buen éxito del Congreso.
El texto recuerda la predilección del Divino Maestro por
los pequeños. “El Santo Padre desea que el encuentro
contribuya a formular concretas propuestas de eficaces intervenciones
de acogida y de asistencia a la juventud en riesgo, para los sin
casa ni familia, y para la tutela de los derechos y dignidad de
cada muchacho y muchacha en dificultad”. Para la confirmación
de “tan necesaria acción social y religiosa”,
Su Santidad ha asegurado a todos los participantes una plegaria
propiciadora para cuantos se dedican a evangelizar el mundo juvenil
y para aquellos que son confiados a su cuidado.
El Presidente del Pontificio Consejo, S.E. el Cardenal Stephen
Fumio Hamao, ha introducido los trabajos, después de un
caluroso saludo, con una intervención sobre el tema: “Los
niños también de la calle a la luz de recientes
enseñanzas de Juan Pablo II”. El ha puesto de relieve
la importancia del fenómeno en cuestión, que solicita
la atención y la caridad pastoral de la Iglesia Universal
y de las Iglesias locales. En particular – ha afirmado el
Purpurado – “la calle se convierte en lugar de planificación
de una específica pastoral para los muchachos que viven
en ella”.
El Arzobispo Agostino Marchetto, Secretario del Dicasterio, ha
presentado, por su lado, algunos criterios de valoración
de este fenómeno en una conferencia de título: "La
Pastoral de acogida en favor de los niños de la calle".
El ha puesto de relieve un vasto e importante campo de apostolado
que requiere también nuevos objetos-sujetos pastorales.
Se refería con preocupación, sobre todo, a los muchachos
y muchachas, de los cuales no son pocos los que viven en las entrañas
de las grandes y frías ciudades.
Las intervenciones sucesivas de los participantes a la reunión
han puesto en evidencia varios aspectos de la actual “realidad”
de la calle. La Iglesia la mira con simpatía e invita a
acoger los valores espirituales y teológicos subyacentes
a un empeño pastoral que revela la benevolencia de Dios
en relación a los niños de la calle, conscientes,
todos, de tragedias que están soterradas bajo tal experiencia.
De aquí, la especial preocupación por el dramático
creciente número de los niños de la calle y en la
calle, de donde deriva la urgente necesidad de una acción
pastoral más allá de las laudables iniciativas actuales
de asistencia, y la dificultad de incluir tales acciones en las
estructuras eclesiales de hoy.
La relación del Prof. Mario Pollo, de título: “La
Pastoral de los niños de la calle” (visión
de conjunto), ha ofrecido un cuadro general de la situación,
sacado de las respuestas al cuestionario, a su tempo enviado a
todos los participantes. De él resulta justamente una cierta
carencia del aspecto más específicamente pastoral
de cuanto hasta ahora se ha hecho.
Durante la Mesa Redonda, con participación de 6 expertos,
se ha buscado planificar "las grandes líneas de una
pastoral específica”.
Al término de este Encuentro Internacional, tras intercambio
de noticias, opiniones y profundizaciones, se han puesto en acto,
con reconocimiento, interesantes iniciativas, ya echadas a andar,
contando con la diversidad de situaciones pastorales en los diferentes
Países. Reafirmando el intento de proseguir en el trabajo
llevado a cabo en estos dos días, los participantes han
examinado “tácticas” y “estrategias”
para el futuro, metodologías y objetivos que se han resumido
en este Documento final.
CONCLUSIONES
1. Los niños de la calle constituyen, indudablemente,
uno de los retos más comprometidos e inquietantes de nuestro
siglo para la sociedad civil y política, y también
para la Iglesia. Se está frente a un fenómeno de
insospechable amplitud, incluso para las instituciones públicas:
un pueblo de cerca de 100 millones de niños, según
la estimación de "Amnesty International" (150
millones en opinión de la Organización Internacional
del Trabajo); un fenómeno, por lo demás, en crecimiento
casi en todas partes: una verdadera y propia emergencia social,
además de pastoral.
2. Se ha constatado que las instituciones públicas, aún
cuando manifiestan claro conocimiento de la gravedad del fenómeno,
no se movilizan adecuadamente para traducirlo en intervenciones
eficaces de prevención y de recuperación. En la
sociedad civil, la actitud prevalente, a veces, es la de la alarma
social, porque se está aquí frente a una amenaza
al orden público. Nos preocupamos, pues, por la protección
personal relativa al peligro constituido por los niños
de la calle, más que por la disposición a ayudar
a los mismos; difícil hacer emerger, pues, el sentido humanitario
y solidario sobre el problema, y todavía más ver
el sentido cristiano del mismo.
3. Ha resultado claro, durante el Encuentro, que los niños
de la calle, en sentido estricto, se sienten privados de ligazón
con su propio núcleo familiar de origen, son los muchachos
que han hecho de la calle su habitat, constreñidos frecuentemente
a dormir también en ella. Entre éstos, se ha notado
una amplia gama de situaciones. Dicho sumariamente, se da quien
ha sufrido la experiencia traumatizante de una familia que se
ha dividido y de quedarse solo, y quien ha sido echado fuera,
o ha huido de casa, porque era demasiado olvidado o maltratado.
Están también aquellos que rechazan la casa o son
rechazados por ella, por estar comprometidos en caminos de desviación
(droga, alcohol, hurto y expedientes varios para sobrevivir),
y cuantos son inducidos con promesas, seducciones o violencia,
de parte de adultos o de clanes de mala vida, a estar en la calle,
cosa que frecuentemente sucede a jóvenes extranjeras, obligadas
a prostituirse, o a menores extranjeros no acompañados,
constreñidos a la mendicidad. Estos experimentan la interferencia
en su vida de las fuerzas del orden y la cárcel. En los
Países en vía de desarrollo, es impresionante el
número de muchachos que entran en esta categoría.
4. Diversa de la precedente categoría es aquella de los
“niños en la calle”, de aquellos que transcurren
gran parte de su tiempo en la calle, incluso no estando privados
de “casa" y de una relación con la familia originaria.
Estos últimos prefieren vivir al día, con escasa
o ninguna responsabilidad por la formación y el futuro,
en grupos poco recomendables, fuera habitualmente de la familia,
a pesar de que pueden todavía encontrar en ella un rincón
para dormir. Su número es preocupante, incluso en los Países
desarrollados.
5. Numerosas son las causas en la base de este fenómeno
social de dimensiones siempre más alarmantes. Entre las
principales se han indicado las siguientes:
- la creciente disgregación de las familias, situaciones
de tensión entre los padres, comportamientos agresivos,
violentos y tal vez perversos en relación a los hijos;
- la emigración, con cuanto comporta de desarraigo del
contexto habitual de vida y consiguiente desorientación;
- las condiciones de pobreza y de miseria que mortifican la dignidad
y privan de lo indispensable para la vida;
- la invasión de la toxicodependencia y del alcoholismo;
- la prostitución y la industria del sexo, que continúa
a reunir un número impresionante de victimas, inducidas
a menudo, con alucinante violencia, a la más feroz de las
esclavitudes;
- las guerras y los desórdenes sociales, que destruyen
también para los menores la normalidad de la vida;
- el difundirse, sobre todo en Europa, de una “cultura toxicodependiente
y de la trasgresión”;
- la falta de valores de referencia, la soledad y un sentido siempre
más profundo de vacío existencial, que caracterizan
el mundo juvenil en general.
6. Cuanto más se presenta alarmante la entidad del problema
y carente de presencia efectiva de los poderes públicos,
tanto más se reconoce apreciable y precioso, en la materia,
la intervención del privado social y del voluntariado.
El asociacionismo, de ámbito eclesial y de inspiración
cristiana, resulta activo y eficiente, pero absolutamente inadecuado
frente a la amplitud de las necesidades y, por lo demás,
está desenganchado de una pastoral orgánica específica.
Se ha observado así que las Diócesis y las Conferencias
Episcopales no asumen suficientemente este problema, sea por cuanto
mira a la prevención sea a la recuperación de los
muchachos. Existen con todo realizaciones positivas, que se convierten
en ánimo y estímulo para quien piense que el terreno
es demasiado ingrato para invertir mayores energías.
7. En el curso del Encuentro se ha constatado que, en la mayoría
de los casos, las actividades están planificadas y llevadas
adelante por agentes profundamente motivados y profesionalmente
bien preparados, en relación bien a los responsables de
tales iniciativas, bien a los cuerpos de voluntarios.
8. En la variedad de planificaciones, parece que se puede encontrar
una substancial concordancia de objetivos, es decir:
- recuperar el niño de la calle hacia una normalidad de
vida, que comporte su reinserción en la sociedad, pero
sobre todo en un ambiente de familia, posiblemente en su familia
de origen o en otra, o, si no es posible, en estructuras comunitarias,
pero siempre de tipo familiar;
- hacer regresar el muchacho a la confianza en sí mismo,
a la autoestima, al sentido de su dignidad y consiguiente responsabilidad
personal;
- hacer nacer en él el auténtico deseo de reprender
un curriculum escolástico y de prepararse profesionalmente
a una inserción laboral en la sociedad, de manera que pueda
desarrollar, con sus propias fuerzas, y no en dependencia de otro,
dignos y gratificantes proyectos de vida.
9. Han resultado diferentes y muy variadas, por otro lado, las
tipologías de intervención en favor de los niños
de la calle, tales como:
- el así llamado compromiso en la calle, que prevé
el contacto con los muchachos en los lugares de reunión,
a fin de establecer una relación empática y de confianza
que consienta, a los muchachos en dificultad y en desviación,
una apertura al educador;
- los centros diurnos orientados a la promoción de condiciones
esenciales, a fin de que los muchachos puedan vivir con dignidad;
- las iniciativas de ayuda para la satisfacción de las
necesidades primarias: comida, guardarropa, asistencia socio-sanitaria;
- las estructuras educativas y formativas: guarderías,
escuelas, cursos de formación profesional;
- los centros de acogida residencial, donde se recibe también
instrucción y formación, pero sobre todo donde se
incentiva el acompañamiento humano con la ayuda de las
disciplinas psico-pedagógicas; en ciertos casos, se realiza
incluso un acompañamiento espiritual, basado en el Evangelio,
sobre un camino responsable de reconstrucción interior
y de sanación del corazón;
- la actividad orientada a la reinserción del muchacho
en el núcleo originario de pertenencia o en nuevas comunidades
de adopción;
- la actividad de más amplia dimensión que llegue
a la sociedad civil y eclesial, no simplemente para informar,
sino para sensibilizar y comprometer, sobre todo en la obra de
prevención del fenómeno y de apoyo a los muchachos
restituidos a su ambiente natural;
- los cursos de formación y de puesta al día para
los agentes y voluntarios, a fin de garantizar en todos una seria
profesionalidad.
10. En cuanto al método, estas son las cosas fundamentales
aparecidas en el curso del Encuentro:
- trabajo en equipo entre todos los agentes;
- compromiso paralelo de apoyo a los padres, si se les puede contactar
y son recuperables para la colaboración;
- reinserción en la escuela y en la formación profesional;
- construcción y ampliación de redes de amistad,
incluso fuera de las estructuras de acogida;
- gran importancia a las actividades lúdicas y deportivas
y a cuanto estimule al muchacho a sumir roles activos y creativos
de responsabilidad.
11.El compromiso con los niños dela calle, ciertamente
no resulta fácil, tal vez, por el contrario, parece frustrante
y sin perspectivas, y en tal situación, puede aparecer
la tentación de ceder las armas y retirarse. Es el momento
de recurrir a las motivaciones de fondo que han empujado a dedicarse
a esta obra benemérita. Para el creyente, se trata, en
primer lugar, de motivaciones de fe. Está claro, de todos
modos, que es útil fijar la atención en quien hace
una experiencia decididamente positiva, y esto ha resultado claro
durante el Encuentro, en quien sostiene justamente que el trabajo
produce resultados satisfactorios para muchos, tal vez en la mayoría
de los casos. Prudencia exige todavía la necesidad de esperar
la confirmación en el tiempo, verificando, por ejemplo
después de cinco años, el “resultado”
de la recuperación y de la normalización del sujeto.
Podría, de hecho, verificarse una recaída, un retorno
a la calle; podría realizarse también lo contrario
para quien, refractario en un primer momento a la obra de los
educadores, se abre más tarde al camino de recuperación
de los valores que le habían sido propuestos.
12. Ha sido, con todo, general la constatación de la urgencia
de intervención: el nombre de la infancia es “hoy”,
mañana será demasiado tarde. Además, la recuperación
en tierna edad es relativamente fácil, no es lo mismo cuando
se inicia la adolescencia.
13. Desgraciadamente, la Convención de la ONU sobre los
derechos del niño del 1989, si bien se ha formalmente aprobado
en tantos Países, es todavía demasiado desatendida
en la aplicación.
RECOMENDACIONES
1. Resulta evidente que es necesaria una mayor toma de conciencia
de la gravedad del fenómeno y un mayor y más sistemático
empeño para afrontarlo, y esto vale también para
el ámbito eclesial, donde las intervenciones de carácter
humanitario, en favor de os niños de la calle, deberían
acompañase con la primera obligación de la evangelización.
Ha sido auspiciado pues por todos la organización de una
pastoral específica para estos muchachos, formulando nuevas
estrategias y modos de ponerlos en contacto con la fuerza liberadora
y curativa del Evangelio.
2. Desafortunadamente, como resulta también de la encuesta
en vistas al Encuentro, a este respecto solo una minoría
de las iniciativas, incluso en ámbito eclesial, va más
allá de las intervenciones socio-asistenciales y psico-pedagógicas,
las cuales no asumen, al menos en un primer momento, también
una clara calificación pastoral de primera o nueva evangelización,
en el intento de recuperar y revalorizar la dimensión religiosa
del muchacho.
3. Se constata pues una doble vía y modalidad de intervención,
la que apunta directamente a la propuesta religiosa y específicamente
evangélica, para recuperar al muchacho, una vez entrado
en esta área de fe, también a los valores humanos
y a la liberación de los condicionamientos y de las situaciones
que lo han llevado a la calle; o bien se apunta a la recuperación
humana del muchacho, hasta restituirle el equilibrio y normalidad
y la plena identidad humana. Se acompaña esta paciente
obra con propuestas y referencias religiosas, en la medida en
que esto sea compatible con la condición misma del muchacho,
y del País donde él se encuentra.
Tales propuestas – se ha estimado - no deben estar en contradicción
entre ellas. Unas y otras pueden constituir itinerarios posibles;
la elección depende de la situación personal del
muchacho, del ambiente en que se encuentra y sobre todo de la
personalidad de los educadores.
4. En seguida fue presentado el cuadro de referencia de quien
hace hincapié directamente sobre la propuesta religiosa,
que permanece fundamental, porque el problema que es común
al pueblo de la calle, no es tanto la miseria, la toxicodependencia,
el alcoholismo, la desviación, la violencia, la criminalidad,
el Sida, la prostitución, cuanto más bien el terrible
mal de la 'muerte del alma' ("el salario del pecado es la
muerte": Rm.6,23). Se trata aquí demasiado frecuentemente
de criaturas que, si bien en plena juventud, están 'muertos
por dentro'.
a) Es pues necesario acoger la urgente invitación a una
nueva evangelización, que desde hace años repite
el Santo Padre. Solo el encuentro con Cristo Resucitado puede
volver a dar la alegría de la resurrección a quien
está en la muerte. Solo el encuentro con Aquel que ha venido
a vendar las heridas de los corazones despedazados puede operar
una profunda curación de las devastantes heridas de los
corazones traumatizados y empedernidos por las muchas frustraciones
y violencias sufridas.
b) Es fundamental pasar de la pastoral de espera a la pastoral
del encuentro, actuando con fantasía, creatividad y valor,
a fin de encontrar a los muchachos en sus nuevos lugares de reunión,
en las calles, en las plazas, así como en los locales frecuentados
por ellos, en las discotecas y en las zonas más “calientes”
de nuestras metrópolis. Es necesario ir a su encuentro
con amor, a fin de llevarles el gozoso anuncio y testimoniar con
la propia experiencia de vida que Cristo es Camino, Verdad y Vida.
c) Es indispensable dar testimonio de la luz de Jesucristo que
ilumina y abre nuevas vías a quien se siente atenazado
por las tinieblas. Es urgente, pues, despertar en la comunidad
cristiana la propia vocación al servicio y a la misión,
en un creciente y sentido conocimiento del poder salvífico
de la fe y de los sacramentos. Demasiados muchachos continúan,
de hecho, muriendo en las calles delante de la indiferencia de
la mayoría: no acoger con gran empeño la afligida
invitación del Santo Padre a la nueva evangelización
es un verdadero y propio pecado de omisión porque no se
socorre a los hermanos ‘moribundos’. Es pues importante
contemplar, en los proyectos de pastoral, las más variadas
intervenciones que lleven el primer anuncio a los ‘alejados’,
que den la posibilidad a los niños de la calle de sentirse
acompañados, estableciendo una nueva relación con
sí mismos, con los otros, con Dios, con la comunidad de
pertenencia o de adopción y de descubrir que existe alguien
que los ama.
d) Se auspicia pues:
- La creación de comunidades y grupos (parroquiales o no)
donde los jóvenes tengan la posibilidad de conocer y vivir
el Evangelio con radicalidad, experimentando en primera persona
su poder sanador.
- La institución, en las parroquias y en las varias realidades
eclesiales, de escuelas de oración, que den un nuevo impulso
a la dimensión contemplativa, y en consecuencia misionera,
de los diferentes grupos.
- La formación de equipos de evangelización capaces
de testimoniar con entusiasmo la maravillosa Noticia que Cristo
ha venido a anunciarnos y también de muchachos ‘misioneros’
que lleven el abrazo de Cristo Resucitado a sus coetáneos
y a los ‘nuevos pobres’ de nuestro siglo.
- La formación, además, en las varias Diócesis,
de jóvenes más y más preparados profesionalmente
que sepan hacer confluir sus talentos artístico y musicales
en la creación de nuevos espectáculos capaces de
incidir significativamente sobre la prevención y reunir,
con mensajes evangélicos, millares de jóvenes.
- La creación de centros de formación a la evangelización
de la calle; la constitución de lugares alternativos de
reunión juvenil que ofrezcan propuestas densas de valor
y significado y de centros de escucha y de iniciativas de prevención
y de evangelización en las escuelas.
- El compromiso de utilizar los mass media como preciosos instrumentos
para “gritar sobre los techos” el Evangelio.
- La constitución de nuevas comunidades y grupos de acogida
que acompañen a los muchachos en un nuevo y comprometido
camino de sanación interior, basada en el Evangelio, con
aquel amor que Cristo nos ha enseñado, un amor que no se
contenta con hacer la caridad, sino que se hace cargo del grito,
de la angustia, de las heridas, de la muerte de los pequeños
y de los pobres, un Amor pronto a dar la vida por los propios
amigos.
5. Durante el Encuentro se ha constatado que también el
educador, que no parte de la explícita y fuerte propuesta
religiosa, puede vivir, - y es real para muchos – una actitud
interior inspirada en la fe, bien entendida – y la deseamos
inspiradora para todos - bajo una triple imagen evangélica.
a) Ante todo aquella de Jesús frente a la adúltera:
el Maestro es respetuoso y lleno de afecto, no juzga, no condena
la persona sino que la anima, con su propia actitud, a cambiar
de vida.
b) La segunda imagen, la del Buen Pastor que va a la búsqueda
de la oveja descarriada (tanto más si se trata de un pequeño
cordero), que anima a no esperar y mucho menos pretender que sea
la oveja la quien retome el camino del redil. Estas, pues, resultan
ser las etapas obligadas y deseadas, para una pastoral de los
niños de la calle:
- observar, escuchar, comprender desde dentro este mundo que es
tan misterioso (el Buen Pastor conoce sus ovejas);
- tomar la iniciativa del encuentro, caminar por la calle, de
modo que el muchacho perciba que quien lo procura se encuentra
a su propio gusto incluso allí donde él ha decidido
estar o está constreñido a hacerlo (el Pastor deja
el redil y camina);
- tejer con él una relación espontánea, calurosa
de afecto y de interés, de amistad auténtica, que
no es necesario proclamar con muchas palabras, pues se transparenta
en cada gesto (el Pastor se la lleva sobre los hombros y hace
una fiesta con los amigos).
c) La tercera imagen es la de los discípulos de Emaús:
ellos abrieron finalmente los ojos frente a Cristo Resucitado
y frente a la perspectiva de la resurrección, después
de haber hecho un cierto camino, durante el cual no son sus ojos
sino su corazón el que sintió el calor para abrirse
a la Novedad evangélica.
6. Es evidente que con esta actitud interior, el segundo recorrido
educativo, referido en el N. 3, tiene mucho en común con
el primero, y sobre todo tiene un único objetivo final.
Comparten, pues, el objetivo y el método, particularmente
en estos rasgos fundamentales que se proponen:
a) Suscitar confianza y autoestima; de modo que el muchacho comprenda
y experimente que él es importante para el educador y el
educador es importante para él: es el punto de partida
para hacer con convicción y decisión los primeros
pasos hacia otro estilo de vida. Es necesario acompañarlo
en el descubrimiento del Amor de Dios a través de la experiencia
concreta de sentirse acogido, aceptado incondicionalmente y amado
personalmente por lo que él es. Esta relación de
tú a tú debe ser continuada, incluso después
que el muchacho ha pasado al cuidado de otros educadores o ha
dejado la estructura de acogida.
b) Dar espacio al muchacho mediante un papel activo en la comunidad,
suscitar su sentido de responsabilidad y de libertad, de modo
que se sienta en comunidad como en su casa. Esto comporta que
en “casa” continúe predominando el calor, la
espontaneidad, la cercanía amigable, más que el
orden, la disciplina o la norma escrita.
c) Cultivar la relación personal con cada muchacho. En
cuanto sean útiles metodologías y reglas generales,
cada muchacho es un caso único, es un mundo original, tiene
su propia historia. Tantos, por lo demás, han mostrado
inteligencia y energía en sobrevivir a situaciones muy
difíciles, se han revelado hábiles, creativos, espabilados.
Se deberá, pues, continuar buscando estos recursos más
o menos manifiestos de su personalidad para orientarlos a “cambiar
de camino”, para hacerlos ser ellos mismos sujeto y no objeto
de la pastoral de su recuperación. Los programas pedagógico-educativos
tienen la importante función de llevar al muchacho a descubrir
y valorizar su propio potencial positivo, a hacer fructificar
sus talentos y a desarrollar lo más posible sus propias
capacidades.
d) Tener como objetivo (y no es un espejismo utópico) que
el muchacho haga propio e interiorice en profundidad el proyecto
educativo, a tal punto que se convierta, después de algunos
años, en ayuda y estímulo para otros niños
de la calle para hacer el mismo recorrido; así se pone
al lado de su educador, resultando él mismo un educador,
sujeto de esta pastoral específica.
e) Reconocer, en el compromiso en favor de los niños de
la calle, un camino privilegiado de servicio al Señor y
de encuentro con El: "Cada vez que habéis hecho estas
cosas a uno de estos vuestros hermanos más pequeños,
me lo habéis hecho a mi" (Mt 25, 40).
7. Resulta evidente decir que el mejor de los recursos empleados
en este campo debe estar orientado a preparar profesional y espiritualmente
a los Agentes pastorales, que deben mostrar una gran madurez humana,
ser capaces de renunciar al éxito inmediato y de confiar
que el fruto de su empeño podrá revelarse bien inmediatamente,
bien después de momentos en que parecía que todo
iba a acabar en nada. Deben, por lo demás, tener gran capacidad
de actuar en sintonía y en colaboración con los
otros educadores.
8. Prever un trabajo con la familia de origen (cuando sea posible),
que incida positivamente sobre las dinámicas familiares
no sanas y que esté orientado al apoyo, a la reconstrucción
del tejido familiar y al gradual acompañamiento y reinserción
del muchacho en el núcleo de pertenencia.
9. Debe continuarse un trabajo de conjunto, no solo dentro de
las propias estructuras, sino también con cuantos estén
comprometidos, en el territorio, en el mismo trabajo o estén
interesados en ello.
Debe pues ser buscada y acogida la colaboración con otras
fuerzas, no de matriz eclesial pero de auténtica sensibilidad
humana y con los entes públicos, incluso cuando no se puede
o no se pretende, por propia elección, contar con el financiamiento
público.
10. Con todo, se debe poner mucha atención, para que las
intervenciones de suplencia del asociacionismo y del voluntariado
no creen, en quien debería intervenir, la mentalidad y
el pretexto para la irresponsabilidad. Incluso de parte de la
Iglesia, cuando es necesario, a la función de propuesta
y de estímulo, debe ir unida la de la crítica constructiva
y de la denuncia profética de las situaciones injustas
e inhumanas.
11. Se deberá, por lo demás, poner en red cuanto
ya existe sobre el territorio, para un intercambio de la buena
praxis y también para un eventual apoyo por parte de quien
tiene ya una larga experiencia, en relación a cuantos están
todavía en los comienzos.
12. Los niños de la calle vienen a ser una “fotografía”
de la sociedad en que viven, que no los ha ayudado, por el contrario,
en algún modo, los ha provocado y empujado a la deriva.
Los agentes pastorales deben ayudar a la sociedad a darse cuenta
de esta su responsabilidad, y alimentar en ella un cierto sentido
de sana inquietud con relación a estos muchachos. La misma
atención debe tener la Iglesia local y en particular la
comunidad cristiana.
13. Será de gran utilidad para esta movilización
en favor de los niños de la calle, la creación,
en las Conferencias Episcopales y en las mismas Diócesis
que estén mayormente interesadas en el problema, de una
específica oficina (o de una sección particular
en una oficina ya existente), aquella por ejemplo de la pastoral
de la movilidad humana, en contacto con la juvenil o la familiar.
Es, por los demás, deseable que se inserten, en los proyectos
pastorales generales, propuestas orgánicas, incisivas y
progresivas, que pongan una atención particular en la "pastoral
de la calle", para la cual los agentes específicos
deben abrir las comunidades a un crecimiento de sensibilidad e
implicación, para buscar respuestas significativas a la
urgente problemática de los niños de la calle.
14. Se auspicia que el Pontificio Consejo para Pastoral de los
Migrantes e Itinerantes convoque periódicamente encuentros,
parecidos a éste apenas concluido, al menos a nivel continental.
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