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Documento final
EL ACONTECIMIENTO
Signo de los tiempos, el fenómeno de la movilidad humana
plantea no pocos problemas también religiosos y espirituales,
además de sociales, económicos y políticos.
Cuando se trata de “Migración e itinerancia desde
y hacia los países de mayoría islámica”,
la complejidad, la actualidad y la importancia del argumento se
presentan ante los ojos de todos. Esa problemática fue
la que se contempló en la XVII Sesión Plenaria del
Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes,
en la que participaron los Miembros y Consultores del Dicasterio,
junto con Agentes de pastoral y expertos.
Al saludar, en el Vaticano, a los participantes, Su Santidad
Benedicto XVI afirmó que el diálogo interreligioso
es parte integrante del compromiso eclesial de servicio a la humanidad,
hoy, y constituye casi el “pan de cada día”
para quienes trabajan en contacto con los migrantes, refugiados
e itinerantes. “Todo creyente – agregó el Santo
Padre – está llamado a abrir sus brazos y su corazón
a cualquier persona, – especialmente a los pequeños
y a los pobres – sea cual sea el país de donde provenga,
dejando que las autoridades responsables de la vida pública
establezcan en este campo las leyes que consideren oportunas para
una sana convivencia”, dentro del respeto de los derechos
humanos de todos. El Papa así terminó: “Es
de esperar que también los cristianos que emigran a los
países de mayoría islámica encuentren allí
acogida y respeto de su identidad religiosa”, definiendo
la pastoral de los emigrantes “una vanguardia significativa
de la nueva evangelización en el actual mundo globalizado”.
En la misma línea de lo que había afirmado el Santo
Padre, el Presidente del Dicasterio, Cardenal Renato Raffaele
Martino, al introducir los trabajos con un discurso titulado “El
lema de la Plenaria a partir de nuestros recientes documentos
y congresos”, puso de relieve que para resolver de modo
positivo los problemas que plantea el número siempre creciente
de migrantes e itinerantes desde y hacia los países de
mayoría islámica, se requiere un diálogo
interreligioso franco y leal, un testimonio vivido de caridad
y de acogida, el respeto escrupuloso de la libertad religiosa,
una adecuada integración social y cultural que observe
las leyes civiles vigentes, y una reciprocidad bien entendida.
Entre los puntos que se destacaron en el discurso del Cardenal
está el voto de que no sólo por parte de los católicos,
sino también de los musulmanes, haya una “creciente
toma de conciencia sobre el carácter imprescindible del
ejercicio de las libertades fundamentales, de los derechos inviolables
de la persona humana, de la dignidad de la mujer y del hombre,
del principio democrático en el gobierno de la sociedad
y de la correcta laicidad del Estado” (Instrucción
Erga migrantes caritas Christi – en adelante EMCC –
66).
Por su parte, el Secretario del Consejo Pontificio, Arzobispo
Agostino Marchetto, en su intervención titulada “Los
cambios, el pensamiento y la obra del Consejo Pontificio, desde
la última Sesión Plenaria”, subrayó
que uno de los objetivos de esta Reunión consistía
en convencer acerca de la importancia de un verdadero diálogo,
que tenga siempre un mayor alcance, sacando de él algunas
conclusiones concretas para garantizar la acogida y la comprensión
a quienes se encuentran en condiciones de movilidad humana, también
desde y hacia los países de mayoría islámica.
A estas personas o grupos, se les pide que den una aportación
leal y generosa al bien de la comunidad que los acoge y a la misma
Iglesia local. Mons. Marchetto agregó después que
las comunidades más estables están invitadas a comprender
las necesidades particulares de los “hospedados” o
de los inmigrados, desarrollando un sentido de gran solidaridad.
De este modo, todos juntos, los del lugar y los recién
llegados, pueden contribuir a realizar una cultura de convivencia,
de comprensión y de paz, dentro del respeto de los derechos
humanos de cada uno. Mons. Secretario, partiendo luego de un análisis
más crítico de los acontecimientos históricos
que hoy condicionan todavía la movilidad, afirmó
que es posible, para las Iglesias (a qua y ad quam), dar una aportación
indispensable a la sociedad, para una adecuada regulación
de la movilidad misma y la protección de las personas en
ella implicadas, y a todos. Su fundamento son el respeto recíproco
y la justicia en los tratamientos jurídico-religiosos.
“La reciprocidad es también una actitud del corazón
y del espíritu, que nos hace capaces de vivir, todos juntos,
en todas partes, con iguales derechos y deberes” (EMCC,
64).
En su intervención, en la tarde del primer día
de la Plenaria, el P. Maurice Borrmans, M.Afr., Profesor emérito
del Pontificio Instituto de Estudios Árabes y de Islamística,
presentó un cuadro completo (numérica y geográficamente)
y detallado (estadísticamente) de las dimensiones actuales
“de la ‘convivencia’ en los países con
una población musulmana mayoritaria y presencias cristianas
minoritarias, antiguas o recientes”. Según el P.
Borrmans, para el futuro, la posibilidad de tal ‘convivencia’
se hace precaria por los choques entre las distintas facciones
y por los atentados terroristas de los últimos años.
De hecho, – afirmó él – “las minorías
son siempre las que corren el riesgo de volverse ‘chivos
expiatorios’ debido a las fáciles generalizaciones
y a las amalgamas simplistas que hacen revivir antiguos prejuicios
y sueños de cruzadas o de jihâd”. El mundo
islámico no es monolítico. La movilidad humana ha
renovado las problemáticas de las convivencias. De ello
se desprende una relación original, y a veces contradictoria,
entre religión, cultura, Estado y ordenamiento jurídico,
tanto más en cuanto que al acoger la modernidad, la democracia
y la laicidad, cada país realiza una síntesis completamente
contextualizada.
El Secretario del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso,
Arzobispo Pier Luigi Celata, quien habló después,
observó que “el creciente fenómeno de la movilidad
humana sigue determinando la superación de los límites
geopolíticos que en otros tiempos constituían, en
muchos casos, también las líneas de separación
entre el mundo cristiano y el mundo islámico”. Para
llegar a una convivencia pacífica, Mons. Celata recordó
las palabras del Santo Padre Benedicto XVI: “el diálogo
es una necesidad vital”, sobre todo para los cristianos
que están llamados a amar al prójimo con el vigor
y a ejemplo de Cristo. Remitiéndose a la enseñanza
del Papa en el discurso que dirigió a los musulmanes en
Colonia el año pasado, el Arzobispo destacó los
desafíos comunes a los cuales los cristianos y los musulmanes
están llamados a responder. Entre ellos, ante todo el terrorismo;
para luchar contra él es preciso lograr “extirpar
de los corazones el sentimiento de rencor, contrarrestar toda
forma de intolerancia y oponernos a cualquier manifestación
de violencia”. Mons. Celata subrayó luego la importancia
de la colaboración entre cristianos y musulmanes para garantizar
los valores relacionados con la dignidad de la persona humana,
como la libertad religiosa, el respeto recíproco, la solidaridad
y la paz. Refiriéndose a las tensiones heredadas del pasado,
el Secretario del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso
invitó a que hiciéramos nuestro el deseo expresado
por el Santo Padre de “buscar caminos de reconciliación
y aprender a vivir respetando cada uno la identidad del otro”.
Mons. Celata señaló, además, en el relativismo
cognoscitivo y moral, y en el secularismo inmanentista, tan difundido
hoy en nuestras sociedades, un desafío - para cristianos
y musulmanes – a testimoniar juntos lo trascendente. Ante
la dificultad, más bien difundida entre los musulmanes,
de comprender y vivir el principio de una sana laicidad, y teniendo
en cuenta la necesidad de su correcta integración en las
sociedades occidentales, “estamos llamados”, como
cristianos y como ‘ciudadanos’, “a través
de una oportuna obra de diálogo, a ofrecerles, mediante
una actitud de respetuosa amistad”, el testimonio de nuestra
experiencia.
El segundo día de la plenaria, afrontando el tema de las
migraciones desde los países de mayoría islámica,
el Secretario General del Consejo de las Conferencias Episcopales
Europeas, Mons. Aldo Giordano, en nombre del P. Hans Vöcking,
M. Afr., imposibilitado para participar, presentó la situación
de los inmigrados musulmanes en Europa. Su presencia ha aumentado
muchísimo, contribuyendo a dar una dimensión multirreligiosa
a la sociedad europea. El dilema ante el cual se enfrentan los
musulmanes en la diáspora europea es la modernidad y la
post-modernidad. Desde luego, algunos musulmanes entreven el camino
de una “inculturación” en la sociedad europea
(“Islam de las luces”), pero la mayoría considera
la cultura europea en términos muy problemáticos
y aspira a un retorno del modelo medieval del Islam, con un fuerte
vínculo entre religión, sociedad y política.
Según el P. Vöcking, para hallar un camino de integración,
es importante la garantía de la libertad religiosa, la
independencia de las financiaciones del exterior, la creación
de estructuras para la formación de responsables, la atención
a la educación cívica, a la democracia y a los derechos
humanos, el diálogo entre las religiones y también
una correcta información en los media. Así, terminó
él, se hallará el camino para una interpretación
del Islam que tenga en cuenta los valores, más que las
leyes, y las opciones personales, más que una “edad
de oro”.
En Brunei, la presencia de los migrantes representa, para la
Iglesia local, un reto para expresar su solidaridad de manera
tangible y fraterna; todavía más, – subrayó
el Obispo Cornelius Sim, Vicario Apostólico – la
Iglesia, al responder a sus necesidades espirituales, garantiza
un servicio aún más necesario que la ayuda material.
“Los trabajadores migrantes encuentran en la Iglesia un
camino para servir a sus compañeros católicos, enriqueciendo
así la experiencia mutua de ser Iglesia”, participando
también en la promoción cultural y económica
del país.
El Prof. Stefano Zamagni, Presidente de la Comisión Católica
Internacional para las Migraciones, hablando de la acogida que
se da hoy a un gran número de refugiados musulmanes, puso
de relieve cómo ellos tienen concepciones de vida y creencias
religiosas profundamente distintas de aquellas de los habitantes
autóctonos. Por tanto, invitó a evitar los dos escollos
que impiden su armoniosa inserción en el tejido social,
es decir, el sincretismo relativista – según el cual
todas las religiones son iguales – y el intento de asimilación,
más o menos forzosa. Luego animó a que se elaborara
un modelo de diálogo intercultural que proporcione la respuesta,
incluso en materia de recursos públicos, a la “posibilidad
de aceptación” (“moral consecuencial”)
de sus solicitudes.
El Arzobispo de Bobo-Dioulasso, en Burkina Faso, Mons. Anselme
T. Sanon, al no poder estar presente, envió una relación
sobre el tema de la acogida a los refugiados cristianos en los
países de África Occidental con mayoría islámica.
S. E. Mons. Béchara Raï, Obispo de Jbeil en el Líbano,
leyó la relación, en la que se destacó y
sintetizó, en un panorama articulado, las distintas situaciones
que caracterizan esas llegadas. Al subrayar el importante papel
que debe desempeñar la Iglesia en este campo, se ofreció
una amplia gama de respuestas pastorales que se pueden dar, entre
ellas, en particular, la creación, en las diócesis,
de una capellanía para los refugiados, con el objeto de
tratar de responder a sus peticiones. Al mismo tiempo, se solicitó
un compromiso responsable, por parte de las Instituciones internacionales,
y una preciosa obra de sensibilización de los medios de
comunicación social.
El Dr. Michael Galligan-Stierle, Asistente Secretario para la
Pastoral Universitaria de la Conferencia Episcopal de los Estados
Unidos de América, presentó la realidad de los estudiantes
extranjeros (internacionales) en EE.UU., procedentes de los países
islámicos. Resumió brevemente la historia de los
múltiples encuentros, de las consultas y declaraciones
conjuntas, en un diálogo entre musulmanes y católicos,
desde 1987. Y luego señaló los datos estadísticos
relativos a los 16,3 millones de estudiantes universitarios de
su país, de los cuales 591.188 son extranjeros (internacionales).
Después ilustró algunas de las mayores preocupaciones
que deben afrontar los estudiantes musulmanes, principalmente
el lugar para orar en los Campus, enumerando una gran cantidad
de programas que se ofrecen a la población estudiantil
musulmana, mediante las respuestas a un cuestionario que se envió
a los 1.200 capellanes de la pastoral universitaria. En fin, recomendó
que todos los proyectos pastorales para los estudiantes extranjeros
(internacionales) sean una expresión de respeto, diálogo,
apertura cultural y libertad.
El P. Bernard Lapize de Salée, S.J., al ilustrar la situación
de los estudiantes extranjeros (internacionales) en Argelia, cuyo
número es creciente, relató que allí la Iglesia
considera que la presencia de esos estudiantes es una grande gracia
y un excelente testimonio en la Argelia musulmana. De hecho, aunque
los estudiantes musulmanes son los más numerosos, hay muchos
cristianos, procedentes esencialmente de los países francófonos
de África occidental. Dichos estudiantes participan activamente
en la vida de la Iglesia y constituyen el elemento más
joven de las comunidades cristianas en el país. Además,
ofrecen su experiencia directa con la juventud argelina musulmana,
con la que viven en contacto en las ciudades universitarias. El
P. Lapize de Salée terminó diciendo que sería
deseable una colaboración, o por lo menos contactos, entre
las Iglesias de los países de procedencia y las del Maghreb
(África del norte). Esto se realiza ya en parte.
Pasando a la itinerancia desde y hacia los países de mayoría
islámica, al referirse a la problemática de los
Rom, la Dra. Hannelore Valier, de la Organización para
la Cooperación y la Seguridad en Europa, puso de relieve
que la mayoría de ellos, excluyendo a India, vive principalmente
en Europa central y oriental. A pesar de que se les asocie por
lo general al nomadismo, viven establemente en los países
europeos desde hace centenares de años. Entre los problemas
que ellos deben afrontar están la marginación, la
xenofobia y el racismo, así como el bajo nivel de instrucción
(50-90%), la asistencia sanitaria insuficiente y las condiciones
muy pobres de vivienda. A pesar de todo ello, la voluntad de sobrevivir
ha sido la que ha dado impulso a los Rom en el transcurso de los
siglos. La comunidad internacional está trabajando, de
todos modos, para mejorar su integración social, dentro
del respeto de su identidad cultural, basándose en el principio
de un tratamiento justo. Es necesario, por tanto, fortalecer la
madurez de las sociedades democráticas y su capacidad de
comprender y respetar la diversidad social, cultural y religiosa.
En el sector del Apostolado del Mar, el diácono Ricardo
Rodríguez Martos, de Barcelona (España), informó
que esa actividad pastoral ofrece servicios fundamentalmente iguales
a todos los marinos, sea cual fuera su religión. Según
cálculos estadísticos, el 18% de los marinos mercantiles
serían musulmanes, es decir, unas 200 mil personas. Generalmente
son muy religiosos y practicantes. Los musulmanes, en todo caso,
no piden asistencia religiosa a los cristianos, y si se les propone
(por ej., proporcionando un contacto con una mezquita), por lo
general no la aceptan. Aprecian, en cambio, una ayuda material
- cuando es necesario – y los testimonios de caridad y de
amistad. El Apostolado del Mar ha solicitado en la última
década una colaboración con las mezquitas de Barcelona,
pero no ha tenido éxito. Recientemente, sin embargo, el
Consejo Islámico de la ciudad se ha mostrado favorable
a una colaboración, a través de la cual el AM podrá
dirigir a los marinos musulmanes que solicitan asistencia religiosa
a su propia comunidad local.
Por su parte, el P. Xavier Pinto, C.Ss.R., Director nacional
del Apostolado del Mar en India, declaró que el 70% de
los marinos que allí visitan los centros Stella Maris son
filipinos y el 30% restante está constituido por marinos
indios, de Bangladesh y pakistaníes, en ese orden. Según
el relator, para muchos musulmanes Jesús es un ejemplo
de santidad y de piedad, que habría vivido el verdadero
Islam. Este sería el punto de partida que permite una interacción
con los musulmanes y un trabajo conjunto. El P. Pinto agregó
luego que para poder practicar el apostolado para los marinos
a bordo y que se detienen en los puertos, es necesario, ante todo,
respetar las leyes del país que recibe y lograr integrar
el Apostolado del Mar en la pastoral de conjunto de la Iglesia
local, también en los países de mayoría islámica.
Sor Patricia Ebegbulem, SSL, explicó, en relación
con la asistencia a las “mujeres de la calle” nigerianas,
tanto en su patria como en tierra extranjera, que la mayor parte
de ellas practica el triste comercio de su cuerpo por motivos
de pobreza y de discriminación. La Iglesia católica
se halla a la vanguardia en la rehabilitación y promoción
de la dignidad de las mujeres y de la feminidad (con cita de Juan
Pablo II en la Exhortación Apostólica Ecclesia in
Africa, n. 121). Sor Patricia propuso que el año 2010 sea
declarado Año de la Dignidad de las Mujeres, e invitó
a apoyar esa propuesta.
El P. Martin McDermott, S.J., refiriéndose al Líbano,
subrayó que actualmente existen dos tipos de “mujeres
de la calle” en el país: las ex-domésticas,
a la merced de sus “protectores”, tanto musulmanes
como cristianos, y las denominadas artistas. La prostitución
está prohibida en teoría, pero en la práctica
es reglamentada. Esas mujeres, una vez que han llegado al Líbano,
se hallan imposibilitadas para cambiar de vida e incluso para
desplazarse en el interior del país, con un mecanismo que
las despoja de los derechos, de los documentos y, por tanto, de
la libertad.
En su intervención la Sra. Thérèse Farra,
libanesa, indicó en las peregrinaciones denominadas “compartidas”
- es decir, realizadas por cristianos y musulmanes juntos - una
ocasión para crear amistades durables y establecer una
red de relaciones constructivas. La organización “Darb
Maryam” (El camino de María), que trabaja en este
campo, se propone ser ocasión de encuentros para practicar
el “diálogo de la vida” y animar a la búsqueda
de los valores comunes. Los participantes descubren en él
la religión de los otros, caminando y orando juntos por
la paz, lado a lado, tratando de construirla entre ellos y de
difundirla a su alrededor.
Mons. Liberio Andreatta, Administrador Delegado de la “Opera
Romana Pellegrinaggi”, al afrontar el tema de las peregrinaciones
católicas en los países de mayoría islámica,
hizo notar cómo el encuentro con los musulmanes es bastante
frecuente en varias etapas de la peregrinación. En dichas
ocasiones, se entablan conversaciones, diálogos y a veces
discusiones que, no obstante, no llevan a un acercamiento de las
posturas religiosas o de las ideas, debido a convicciones muy
arraigadas. Es posible, además, incluso es un deber, que
los cristianos redescubran en la peregrinación su propia
identidad, quiere decir, que son discípulos de Cristo y
están comprometidos en la “Misión ad Gentes”.
Desde luego, el arquetipo del peregrinar consiste en ir en busca
del rostro de Cristo en la persona de los hermanos.
En fin, en el campo del apostolado de la aviación civil,
Don Paschal Ryan, Capellán del Aeropuerto de Heathrow,
en Londres, observó que, debido a la “mundialización”,
los aeropuertos se han transformado también en cruce de
caminos de la civilización contemporánea. Ellos
no reflejan únicamente la propia comunidad local, sino
también la comunidad global. Por los aeropuertos pasan
numerosos creyentes de distintas religiones, que viajan igualmente
por motivos religiosos, ya que la noción de peregrinación
es común entre los cristianos, los judíos, los hinduistas,
los musulmanes y otros. En el Islam, además, se exhorta
a los creyentes a que vayan a los distintos santuarios que recuerdan
a su profeta Muhammad, por lo menos una vez en la vida. En el
aeropuerto de Heathrow trabajan 65/70.000 personas de distintas
religiones. Desde luego, lo típico de los aeropuertos es
el carácter fugaz de los muchos encuentros entre las personas,
pues son millones los pasajeros que allí transitan rápidamente
cada año. No obstante, esta situación no acostumbrada
permite encontrarse con el extranjero y comprender cómo
los contactos entre los cristianos y los seguidores de otras religiones
pueden llevar incluso a una fecunda colaboración. Además,
al ver a hombres y mujeres de distintas religiones, razas y clases
sociales que trabajan juntos, o que comparten el mismo espacio
de oración multirreligiosa, es posible imaginarse cómo
podría o, mejor, como debería ser el mundo.
En el último día de la Plenaria, el Arzobispo Giovanni
Lajolo, Secretario para las Relaciones con los Estados de la Secretaría
de Estado, afirmó que más allá de los temores
y titubeos, una gestión sensata y transparente de las migraciones
podría proporcionar beneficios, tanto a los países
de origen como a aquellos de destino. Afrontó, pues, un
tema que se ha discutido en varias naciones europeas que temen
abrir su propio territorio pero que, sin embargo, presentan una
necesidad crónica de mano de obra joven, flexible y barata,
cuya utilización para el trabajo no parece ocasionar graves
efectos negativos para la ocupación de los trabajadores
autóctonos. “La Iglesia”, dijo el Arzobispo,
“de acuerdo con la naturaleza católica de su misión
y con su opción preferencial por los pobres, está
en favor del derecho a emigrar y de la tutela de los derechos
de los migrantes. Eso no impide la tarea importante de los políticos,
de reglamentar la consistencia y la forma de los flujos migratorios,
de manera que los inmigrados puedan sentirse acogidos humanamente,
con dignidad, y que la población del país receptor
no se vea puesta en condiciones objetivamente favorables al rechazo,
con consecuencias nefastas para los inmigrados, pero no menos
para la cultura humana de la población que recibe y para
las relaciones entre los pueblos”. Haciendo notar que la
religión constituye, para varias personas procedentes de
países con mayoría islámica, un elemento
de profunda identificación, el Arzobispo reafirmó
la necesidad de un riguroso y recíproco respeto de la libertad
religiosa, con la consiguiente defensa de las minorías
y de sus derechos humanos. “Si desde varias partes –
subrayó Mons. Lajolo – se solicita por lo menos la
reciprocidad del respeto y de las concesiones (libertad de culto,
construcción de lugares de culto...), sin embargo, este
concepto, entre muchos Estados de varios continentes, parece por
el momento ajeno, en materia religiosa, a una gran parte de los
países musulmanes que invocan para sus ciudadanos en el
extranjero la totalidad de los derechos que ellos no reconocen,
en cambio, a los migrantes de otras creencias en el propio territorio”.
Según Mons. Lajolo, la Santa Sede seguirá declarando
su firme oposición a todo intento por utilizar la religión
para justificar el terrorismo y la violencia. En fin, el Secretario
para las Relaciones con los Estados, señaló el delicado
problema de la falta de protección para los cristianos
en países de mayoría islámica, que está
llevando a miles de fieles a dejar su propia patria.
Para terminar, el Secretario de la Congregación para la
Evangelización de los Pueblos, Arzobispo Robert Sarah,
después de haber trazado un perfil de los migrantes procedentes
del África sub-sahariana, explicó que las causas
de su éxodo están relacionadas con la historia,
con la situación sociopolítica, con situaciones
dramáticas de inseguridad y de guerra, con las condiciones
económicas y con fenómenos culturales como la globalización.
Además, por causa de las guerras civiles en algunos países,
más de 4 millones de personas han huído de esa región.
El Arzobispo explicó luego que el estado crónico
de pobreza e inseguridad, que deja el continente africano en una
situación de subdesarrollo permanente, influye negativamente
en las personas y en las instituciones, reduce las inversiones
del exterior, fomenta la criminalidad, etc... Al delinear, luego,
el camino que recorren los migrantes para llegar al Maghreb, Mons.
Sarah definió como un verdadero vía crucis la tragedia
que viven estas personas, que a su llegada son tratadas de manera
humillante e inhumana. Mons. Sarah, después de haber señalado
los mayores problemas que deben afrontar los migrantes, presentó
algunas soluciones y perspectivas. “La Iglesia, en especial
la que está en África, tiene el deber de asumir
siempre más integralmente la función de buen samaritano”.
Los cristianos, por su parte, están invitados a realizar,
claramente y con plena entrega, el papel que les compete con los
inmigrados y refugiados. Las Conferencias Episcopales de los países
emisores y receptores podrían dar su propia aportación
informando, ayudando y acompañando a los que quieren migrar
dentro de la legalidad. Habría que prestar una especial
atención a la ayuda para la integración, dentro
del respeto de la cultura, de la religión y de los valores
humanos fundamentales. Mons. Sarah invitó, pues, a promover
el diálogo social, intercultural y también interreligioso.
Al terminar las intervenciones relatadas arriba, los participantes
en la Plenaria dialogaron sobre el tema que les había sido
propuesto este año, con el objeto de redactar algunas conclusiones
y recomendaciones, aprobando el texto que sigue.
CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES
Migrantes musulmanes en los países de mayoría cristiana
1) Se ha observado, a este respecto, un aumento de la inmigración
de los musulmanes hacia los países europeos y hacia Norteamérica,
de antigua tradición cristiana (v. EMCC 59 y 65), en busca
de trabajo o de democracia o con motivo de la reunificación
familiar.
2) Esto ha tenido como resultado el anhelo de una integración
(no asimilación) de los musulmanes inmigrados (v. EMCC
2, 60-61).
3) Por consiguiente, los católicos, especialmente, están
llamados a ser solidarios y a estar abiertos a compartir con los
inmigrados musulmanes, conociendo mejor su cultura y su religión,
y testimoniando, al mismo tiempo, los propios valores cristianos
también desde la perspectiva de una nueva evangelización,
respetuosa – desde luego – de la libertad de conciencia
y de religión (v. EMCC 59 y 69).
4) Los cristianos deben, por tanto, profundizar su identidad
(v. EMCC 60) como discípulos de Cristo, dando testimonio
de ella en su vida y redescubriendo el papel que les corresponde
en esa nueva evangelización (v. EMCC 86-88).
5) Ha sido, pues, importante, afirmar la necesidad del respeto
mutuo y de la solidaridad humana, en un clima de paz, fundándose
en la centralidad de la persona humana, de su dignidad y de sus
derechos-deberes.
6) Naturalmente, los derechos humanos y las libertades de cada
uno van junto con los de las otras personas.
Diálogo
7) Entre los participantes en la Plenaria, se ha manifestado
con fuerza la conciencia de la necesidad de un diálogo
auténtico entre creyentes de varias religiones y especialmente
entre cristianos y musulmanes (v. EMCC 69).
8) En dicho contexto, se ha considerado importante una relación
fundada en la “emulación espiritual”.
9) Así, si el diálogo entre cristianos y musulmanes
es necesario en todas partes, lo es especialmente en las sociedades
occidentales, para mejorar en ellas el conocimiento recíproco,
la comprensión, el mutuo respeto y la paz.
10) En todo caso, del mismo modo que es necesario acoger a los
inmigrados musulmanes, respetando su libertad religiosa, es imprescindible
respetar la identidad cultural y religiosa de las sociedades que
los acogen.
11) Ha parecido importante, además, saber distinguir,
en esto, lo que dichas sociedades pueden o no pueden tolerar de
la cultura islámica y lo que se ha de respetar o compartir,
con relación a los creyentes de otras religiones (v. EMCC
65 y 66), con la posibilidad de dar indicaciones, al respecto,
también a los políticos, para una justa formulación
de la legislación civil, dentro del respeto de las competencias
de cada uno.
12) Esto significa que se debe proponer también un modelo
de diálogo religioso que no sea una mera conversación,
o un simple escucharse, sino que llegue a revelar las propias,
mutuas y profundas convicciones espirituales.
13) Es, pues, importante, seguir al partner dialogante en el
proceso de reflexión sobre las dimensiones éticas
y actuales, y no sólo teológicas y religiosas, de
las consecuencias de peticiones que se hacen a la sociedad civil,
respetando siempre la distinción entre diálogo civil
y diálogo religioso.
14) Dada la importancia, reafirmada, del principio de reciprocidad
(v. EMCC 64), confirmado por el Santo Padre en su discurso a los
participantes en la Plenaria, es necesario establecer una distinción
entre esfera civil y esfera religiosa, también en los países
islámicos.
15) En todo caso, es fundamental en dicho contexto, distinguir
entre Occidente y Cristianismo, puesto que con frecuencia los
valores cristianos ya no inspiran actitudes, posturas o acciones
(también en relación con la opinión pública)
en el llamado mundo occidental (v. EMCC 60).
16) Los participantes en la Plenaria han expresado, además,
la esperanza de que, dondequiera que vivan juntos los cristianos
y los musulmanes, ellos puedan unir sus esfuerzos a los de los
demás conciudadanos, para garantizar a cada uno, sin distinción
de religión, el pleno ejercicio de los propios derechos
y de las libertades individuales, como persona y como miembro
de una comunidad.
Situación en algunos países de mayoría islámica
17) Por otra parte, en ciertos países de mayoría
islámica, sucede que cristianos, y generalmente los trabajadores
inmigrados pobres y sin un verdadero poder contractual, experimentan
graves dificultades para que les sean reconocidos sus derechos
humanos. Además, estos últimos tienen escasa posibilidad
de hacer valer su propia causa, en justicia, pues pueden ser fácilmente
castigados o expulsados.
18) La Iglesia está, pues, llamada a ayudar a los migrantes
cristianos en esos países, así como en todo el mundo,
dentro del respeto de la legalidad y con el interés de
que se elabore una justa legislación con relación
a la movilidad humana y con protección legal de todos los
que en ella están implicados. No ha faltado, en todo caso,
alguien que haya recordado cómo en el interior de los distintos
países debería existir una situación tal,
que no exija la salida al exterior de los propios ciudadanos para
sobrevivir.
19) Además, conforme al dictado del Decreto Conciliar
Christus Dominus (n. 18), la Iglesia debe garantizar una pastoral
específica, y además integrada, también a
los que tienen dificultades o no pueden gozar de la atención
pastoral ordinaria, es decir territorial, debido a su condición
de movilidad. Esto vale también para los países
de mayoría islámica.
20) En ellos, la tarea de la Iglesia consiste en la acogida a
los inmigrados e itinerantes, no obstante la escasez de personal
y la insuficiencia de las propias estructuras.
21) A este respecto, son necesarios el diálogo y la colaboración
entre las Iglesias locales de origen de los inmigrados e itinerantes
y aquellas de destino, para su asistencia espiritual. Esta es,
por lo demás, la regla general para todos los países
(v. EMCC 70 y 50-55).
22) Hay que ayudar, además, a los migrantes internacionales,
a que den su propia aportación a la comunidad donde viven
y a la porción local del Pueblo de Dios.
23) Al mismo tiempo, la comunidad receptora debe desarrollar
el sentido de solidaridad con los inmigrados o con quienes se
encuentran en circunstancias semejantes.
Solicitud de la Iglesia en los distintos sectores de la movilidad
humana
Los Participantes en la Plenaria se detuvieron, además,
a considerar los distintos sectores de migración e itinerancia.
Todos están convencidos de que, para los migrantes:
24) La Iglesia debe velar por su justa integración, con
el debido respeto por la cultura y la religión de cada
uno (v. Mensaje Pontificio para la Jornada Mundial de la Paz 2001,
n. 8 y Mensaje Pontificio para la Jornada Mundial del Emigrante
y el Refugiado 2005, n. 3).
25) Por eso la Iglesia fomenta un diálogo que sea intercultural,
social y religioso, dentro del respeto de las debidas distinciones
(v. Mensaje Pontificio para la Jornada Mundial de la Paz 2001,
n. 12).
Para los distintos sectores, se ha destacado ante todo lo siguiente:
26) La necesidad de crear vínculos de amistad, en un ambiente
de consideración por las diferencias culturales y religiosas,
también con aquellos que piensan, como migrantes, en regresar
al lugar de origen, o con los estudiantes extranjeros (internacionales),
que serán los futuros líderes de sus países.
27) Para los refugiados y los estudiantes extranjeros, pero no
sólo para ellos, se ha formulado del deseo de la creación
de capellanías.
28) Para las peregrinaciones, se ha subrayado la necesidad de
que los peregrinos sean invitados a buscar el rostro de Dios también
en los creyentes de otras religiones.
29) En los aeropuertos, cruce de caminos de distintas gentes,
y en las estaciones de ferrocarril, se ha deseado la presencia
de capillas específicamente católicas, o lugares
de silencio, incluso multirreligiosos, cuando sólo estos
últimos sean posibles.
30) En los centros “Stella Maris” (Apostolado del
Mar) habrá que continuar la acogida, también a los
marinos musulmanes, con una respetuosa ayuda espiritual, cuando
la soliciten.
31) Por lo que se refiere a la población gitana, objeto
de marginación, xenofobia y racismo, se estima necesario
fortalecer la coherente madurez de las sociedades democráticas,
así como su capacidad de comprender y respetar la diversidad
social, cultural y religiosa de los Gitanos (v. Orientaciones
para una Pastoral de los Gitanos 50).
32) Para las “mujeres de la calle” – teniendo
en cuenta que muchas veces la pobreza y el tráfico de seres
humanos lleva al comercio del propio cuerpo, y que la prostitución
puede depender de cristianos y de musulmanes – se estima
necesario formar una conciencia que abarque toda la sociedad.
33) De todos modos, hay que renovar el empeño por implicar
a las mujeres especialmente en las decisiones que les conciernen,
así como en la obra de convencer a los padres de familia
a que ofrezcan a las jóvenes una educación equiparada
con la de los varones, que incluya, naturalmente, la formación
ética.
Escuelas y educación
Los Participantes en la Plenaria subrayaron con fuerza lo siguiente:
34) Es importante garantizar la educación de las nuevas
generaciones, también porque la escuela tiene un papel
fundamental para ganar en la lucha contra la ignorancia y los
prejuicios, y para conocer correctamente y objetivamente la religión
de los demás, poniendo especial atención a la libertad
de conciencia y de religión (v. EMCC 62). Por lo que se
refiere a los cristianos, se les proporcionará el fundamento
de un discernimiento evangélico de la experiencia religiosa
de los otros creyentes (v. EMCC 65) y de los signos de los tiempos.
35) Resulta, por tanto, indispensable, realizar un trabajo de
verificación de los textos escolares, también para
la presentación histórica en conexión con
las religiones, que forja la propia identidad y transmite una
imagen de la identidad religiosa de los otros.
36) Se estima necesario, en todo caso, profundizar estudios,
enseñanzas e investigaciones sobre los distintos rostros
del Islam histórico y/o contemporáneo, incluso en
sus diferentes aceptaciones de una sana modernidad (v. EMCC 66).
37) Los padres de familia musulmanes y sus responsables religiosos
han de ser ayudados a comprender las rectas intenciones de los
sistemas de educación occidentales y las consecuencias
concretas de un rechazo a la educación impartida en las
escuelas de estos sistemas, en cuyo interior ellos viven y crecen.
Los Estados y la libertad religiosa
38) Puesto que, muy a menudo, el Estado da la “forma”
al Islam en una determinada Nación de mayoría islámica,
organiza el culto, interpreta su espíritu y transmite su
patrimonio, dando a la sociedad un carácter globalmente
islámico, los no musulmanes se sienten allí, con
mucha frecuencia, ciudadanos de segunda clase. Para los inmigrados
cristianos, la dificultad, es, pues, aún mayor.
39) Por eso es necesario empeñarse, en todas partes, para
que prevalezca la cultura de la convivencia entre los autóctonos
y los inmigrados, con un espíritu de mutua comprensión
civil y de respeto por los derechos humanos de todos. Hay que
buscar, además, caminos de reconciliación y de purificación
de las memorias (v. EMCC 65), así como tratar de ser abogados
en la defensa de la libertad religiosa – constante imperativo
nuestro – y del bien común para todos, y de respetar
las minorías. Se trata, en tal caso, de un signo muy claro
de auténtica civilización.
40) Se ha constatado, con satisfacción, que muchos Estados
de mayoría islámica han establecido relaciones diplomáticas
con la Santa Sede, haciéndose con esto más sensibles
hacia los derechos humanos y mostrándose deseosos de un
diálogo intercultural e interreligioso, dentro de un marco
de sana pluralidad.
41) En tal contexto, hay que deplorar, en algunos países,
las restricciones de los derechos humanos, vinculadas especialmente
a las diferencias religiosas y a la falta de libertad incluso
para cambiar de religión. Se espera, en todo caso, que
las Autoridades públicas de los países de origen
de los emigrados cristianos ayuden a sus ciudadanos, en los países
islámicos, a lograr la posibilidad de ejercer efectivamente
el derecho de libertad religiosa.
42) Se anima, pues, a esos países, a crear espacios de
diálogo con los de mayoría islámica acerca
de las cuestiones relativas al bien común universal, al
respeto de las minorías, a los derechos humanos y especialmente
a la libertad religiosa, fundamento de todas las libertades.
43) La Iglesia, de todos modos, debe continuar las iniciativas
de diálogo intercultural e interreligioso en distintos
niveles, sobre todo cuando dicho diálogo es facilitado
por los responsables políticos.
44) La cooperación entre instituciones cristianas y musulmanas
en la ayuda a individuos y poblaciones necesitados, sin ninguna
discriminación, es un signo eficaz para superar prejuicios
y cerrazones, con el fin de llegar a una mutua y razonable apertura.
45) La creciente extensión de la convivencia de musulmanes
y cristianos puede ofrecer una oportunidad para colaborar juntos,
con miras a un mundo más pacífico, respetuoso de
la identidad de cada uno, y más unido en el servicio al
bien común, ya que formamos una única familia humana
necesitada de esperanza (v. EMCC 101-103).
46) En tal contexto, la colaboración tiene una importancia
capital, también entre los distintos Dicasterios de la
Curia Romana, las Conferencias Episcopales y las Iglesias particulares.
47) Factor de unidad, dentro de las legítimas diversidades,
será la conciencia de la dignidad de toda persona humana,
sea cual fuera su etnia, cultura, ciudadanía o religión.
Es un valor que se afirma siempre más universalmente, no
obstante las muchas incoherencias y las concretas negaciones en
la acción cotidiana.
48) En dicho contexto, los Participantes en la Plenaria dedicaron
una atención especial al Continente africano, especialmente
necesitado de estabilidad política y de cooperación
multilateral, con miras a un desarrollo pacífico e integral.
49) También a este respecto, se consideraron algunas causas
de tensión y conflicto, con el anhelo de resolver con justicia
y prontitud esas situaciones, además para prevenir las
guerras, la violencia y el terrorismo. Habrá que evitar,
en todo caso, que la religión sea utilizada abusivamente
para inculcar el odio hacia los creyentes de otras religiones,
o por motivos políticos o ideológicos.
50) Se espera, pues, que los intelectuales musulmanes y cristianos,
en nombre de un común humanismo y de sus respectivas creencias,
se planteen los dramáticos problemas relacionados con el
uso de la violencia, todavía con frecuencia perpetrada
en nombre de la religión.
Papel de los Media
51) Se les reconoce una importancia particular para crear, en
la información, un clima adecuado de comprensión
y de respeto sobre los fenómenos religiosos. Los periodistas
y los agentes de los mass media, en general, deben asumir, por
tanto, sus propias responsabilidades, no sólo en lo que
respecta a la libertad de expresión, en un mundo siempre
más globalizado, especialmente en lo referente a la información.
52) Los mass media pueden también dar una importante aportación
a la “formación” (y, desafortunadamente, viceversa,
a la deformación) de cristianos y musulmanes.
Terminamos este informe destacando la viva satisfacción
de los Participantes por lo que se refiere al contenido, al método
de trabajo y a la actualidad de esta Sesión Plenaria, que
ha despertado vivo interés.
Ciudad del Vaticano, 19 de junio, 2006
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